jueves 27 de septiembre de 2007

ROSI LÓPEZ; EXPOSICIÓN “TEMBLORES DE AIRE”

EXPOSICIÓN

Temblores de aire, atmoterrorismo y crepúsculo de la inmunidad

Rosi López

Rosi López  Arte

óleo sobre tela 1

Se indaga a partir del análisis de Temblores de aire de Peter Sloterdijk los orígenes y naturaleza del terrorismo moderno, dando cuenta de una cierta racionalidad del terror la cual se articula bajo la lógica del pánico como argumento central de la política. Se reflexiona en torno a la originalidad de nuestra época a partir de la práctica del terrorismo, considerando el concepto de diseño productivo en él implícito, particularmente la manipulación del medio ambiente como dispensador de un nuevo estilo de muerte: el modelo atmoterrorista. Para finalmente dar cuenta de la constitución hipercomunicativa y la deflagración de los explosivos en la mutación del terrorismo, entendido éste como el arte de hacer hablar de sí mismo.

Rosi López  Arte

Rosi López  Arte
óleo sobre tela 1

En su obra Temblores de aire1 Sloterdijk se interna en las fuentes del terror, corriendo la niebla, buscando luz en el crepúsculo de la inmunidad, Sloterdijk mueve provocadoramente su pensamiento. Este escrito se arma bajo la lógica del pánico como argumento central de la política. Escrito entre la voladura de los rascacielos de Nueva York y el secuestro por un comando checheno de los asistentes al teatro de Moscú. Asalto cuya conclusión -que todavía suscita discusiones en torno a si los gases empleados eran enervantes, anestésicos o una mezcla inodora e incolora de ambos- parece la confirmación empírica de la fantasía profética de Haslinger, citada por Sloterdijk, cuando imagina en Opernhall la ópera de Viena convertida por unos criminales en una gran cámara de gas.

Sloterdijk plantea en Temblores de aire2 algo acerca de este tipo de espanto cuando estudia detalladamente la originalidad de esta época, al considerar a la práctica del terrorismo, el concepto de diseño productivo y la reflexión en torno al medio ambiente como un tríptico organizador de un estilo de muerte: el modelo atmoterrorista y la guerra del gas. Es desde el medio ambiente, desde la necesidad elemental del respirar que proviene el cambio en los medios de agresión al semejante. Se arrebata la vida arrebatando los medios que permiten vivir, en una comedia económica de la asfixia.

Según Sloterdijk, el terror contemporáneo (el “atmoterrorismo”) se constituye sobre bases posmilitares ya que no está dirigido contra unidades específicas, sino que su principal objetivo es agredir el continuo medioambiental de cosas y personas que hace posible la vida de las poblaciones. Sloterdijk describe así el horror propio de nuestra época como “una manifestación modernizada de saber exterminador (…), en razón de la cual el terrorista comprende a sus víctimas mejor de lo que ellas se comprenden a sí mismas. Sloterdijk señalará el uso masivo de gas clórico por parte del ejercito alemán contra la infantería franco-canadiense en la batalla de Yprés como el momento inaugural del modelo atmoterrorista, lo cual supuso supuso la ampliación del escenario bélico y el desplazamiento del campo de batalla al entorno medioambiental.

Rosi López  Arte

óleo sobre tela 1

A partir de esa escena se desarrolla todo un saber climatológico negro que no hará sino incrementar el conocimiento de las condiciones de vida del adversario con el fin de asfixiarlo por gases, producir tormentas de fuego que abrasen el aire y su entorno o saturar la atmósfera de radiaciones.

Es así, de esta forma, como Sloterdijk sindica el 22 de abril de 1915 como el comienzo, de una nueva era en nuestro presente: los alemanes derraman sobre las trincheras francesas ayudados por vientos favorables 5.700 botellas de gas mostaza. Fecha iniciática, según Peter Sloterdijk, o punto de inflexión en una genealogía de las armas de guerra que marcará la introducción del medio ambiente en la contienda entre facciones. El campo de batalla se ha ampliado hasta la atmósfera. Dos variables, desconocidas a nivel masivo -pero con algún precedente histórico- entran en juego en el gran arte de la guerra: la colaboración del individuo en su propia destrucción -a través de los procesos vitales que exigen la apropiación del medio ambiente- y una nueva dimensión, el tiempo, expresada a través de la latencia en la atmósfera de determinadas sustancias invisibles, y a través de la incubación en el cuerpo de esos mismos agentes. Tras formarse una espesa nube de seis kilómetros de ancho que el viento hacía avanzar; los soldados no podían dejar de respirar, y respirar era intoxicarse. Se inició el dominio del aire para sembrar terror.

Rosi López  Arte

Blane Runner

El terrorismo asociado al paroxismo de las tecnologías de manipulación del medio ambiente amenaza con eliminar las condiciones de vida de toda la especie. la guerra de gases, supuso la conversión de una ciencia natural como la climatología en una forma de control del medio en el que viven las poblaciones. En este sentido, Sloterdijk afirma que el “terrorismo es la explicación maximalista del otro bajo el punto de vista de su posible condición de exterminable”1.


Una ataque químico o bacteriológico como posibilidad de las nuevas formas del terrorismo, eliminarían de modo radical la capacidad de vivir, no apuntando ya sólo al cuerpo del enemigo según los métodos de la guerra convencional, sino estableciendo las condiciones de imposibilidad para la vida de ese cuerpo, que por respirar, actividad necesaria para la vida, aspira gas letal y se suicida. No hay pues refugio frente a esa guerra o a ese terrorismo de la misma forma que no hay abrigo en la guerra total asociada a la movilización total de Jünger.2 En ambos casos, el de la saturación del espacio y el de la movilización total, no hay ni tiempo ni lugar para reflexionar y desde el que ejercer la autonomía personal. Aplicando las categorías de la filosofía posmoderna puede señalarse que ya no hay distinción entre el interior y el exterior, no hay nada interno, latente, oculto ni por descubrir, todo está ahí fuera obscenamente alcanzable y visible, se trata como diría Baudrillard de la Transparencia del mal3.

Según describe Sloterdijk, una primera fase de evolución del “atmoterrorismo” se extendería desde la I Guerra Mundial a las cámaras de gas de los campos de concentración nazi, pasando por su uso y desarrollo en la esfera civil durante el periodo de entreguerras (de hecho en esos años hubo un auténtica obsesión por los gases que incluso propició el diseño de máscaras para distintas situaciones sociales). Para Sloterdijk la segunda fase en la configuración del “atmoterrorismo” (especialmente en su vertiente estatal) estaría marcada por el desarrollo del armamento aéreo que permite la eliminación del efecto inmunizador de la distancia espacial y propicia la globalización de la guerra a través de los sistemas teledirigidos.

Rosi López  Arte

A partir de las armas nucleares, la evidencia de la catástrofe, de la destrucción masiva y la muerte térmica en una inmediata explosión deja paso a una destrucción silente e imperceptible debido a la persistente radiación medioambiental. Las radiaciones no se ven, pero el enemigo comprende sus efectos, y el entorno se convierte en un espacio repleto de amenazas. Por ello, Sloterdijk concibe el terror moderno como una especie de explicacionismo, en el que hay una asimetría entre el que explica (y comprende antes de que se produzcan los efectos) y el explicado (que sólo “comprende” después de haberlos sufridos).

Rosi López  Arte


Así, tras el lanzamiento de las dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki y la explicitud de lo radiactivo, el momento ionosférico y las armas tele-energéticas representan, según Sloterdijk, “la culminación del dominio de lo atmosférico”. El momento ionosférico del ‘atmoterrorismo’ nos conecta con el desterramiento de los hombres, su desnaturalización, su aprendizaje de la desconfianza del sentido de la racionalidad y la inhibición de una confiada entrega que caracteriza a los individuos de la era post-humanista.

Para Sloterdijk son precisamente estas condiciones de exposición total, de amenaza y de vulnerabilidad lo que opera los factores de perturbación, las condiciones intelectuales de esta época requieren -como resguardo- aprender la desconfianza, pero ¿cómo desconfiar del aire?

Introducido el medio ambiente en la lucha entre facciones, las interacciones entre enemigos ponen al descubierto la vulnerabilidad de la respiración. El modelo atmoterrorista (y “atmo” es aire), por su alto nivel de abstracción y distancia de las víctimas, fragmenta la cadena de responsabilidades; además, es un método que se distribuye de inmediato en ambos lados del conflicto, por lo cual el terrorismo es un modo de luchar que no trata de apropiarse de la libertad del otro, sino de impedir que el otro tenga libertad de disfrutar de su medio.

El ‘atmoterrorismo’ satura al mundo de peligro y agresión hasta el punto de desarraigar a los hombres, de desnaturalizarlos, empujándolos a emboscarse más allá de toda confiada entrega.

Sloterdijk nos presenta el paradigma del humanismo y del terrorismo hermanados en la figura del Profesor en Química Fritz Haber (1868-1934) responsable del “Instituto Emperador Guillermo de Dahlem para la Investigación químico-física y electroquímica”. Premio Nobel en 1918 fue asimismo asociado a la organización de la guerra química en la primera guerra mundial, padre de la máscara de gas y promotor de la llamada “campaña contra la eliminación de parásitos” en el campo agrícola. Todos estos laureles no impidieron que en su momento tuviese que emigrar en 1933 debido a su ascendiente judío, después de que todavía en el verano había asesorado al mando militar del Reich en cuestiones de gas tóxico. Murió en Basilea en 1934, en viaje a Palestina. Algunos de sus familiares perdieron la vida en los campos de Auschwitz, gaseados. Desinfectar con gases tóxicos a Europa de los sujetos impuros y animales fue parte de la fase atmosférica del genocidio.

Hijo de la alianza entre ciencia y aparato militar, encarnado por Fritz Haber4, el temblor del aire condensa el ideal de desinfección con el racismo (el Ciclón A se inventa en 1920 para desinfectar estancias plagadas de insectos; el Ciclón B será utilizado para exterminar judíos). La técnica permitirá diferenciar el interior del exterior, y así se hará, en 1924, la primera cámara de gas “civil”, en Nevada, para ejecutar la condena a muerte; el interior puede ser un tren subterráneo, y así el gas sarín llevado en bolsas podrá ser liberado por los seguidores de una secta. La verdad suprema se baja del vagón y dejan el tóxico en las entrañas de Tokyo.

El temblor es un matadero, sea un incendio como el de Dresde, o una nube como el Napalm con el que EE.UU. envolvió a Vietnam, o un experimento como el de los rusos en una isla con cientos de monos expuestos a bombas químicas. Temblamos todos, privados de la envoltura natural del aire.

Bajo un aire cada vez más turbio y asfixiante, la ilusión de cerrar una atmósfera. La aireación, el air-design, la aromatización y el confort olfativo construyen constelaciones atmosféricas, pero apenas sólo la ilusión de amparo. Y es que, como lo señaló Canetti5, a nada se encuentra tan abierto el hombre como al aire. Somos respiradores, pero bajo una atmósfera profanada y con formas de vida desmoronadas. “El terror hace explícito qué es el medio ambiente bajo el sesgo de su vulnerabilidad; la iconoclasia hace explícito qué es la cultura al experimentarla desde su posibilidad de ser parodiada; la ciencia hace explícito qué es la naturaleza primaria bajo la perspectiva de su contingencia a tenor de los avances tecnológicos”. Sloterdijk hace notar ciertas perplejidades a las que nos enfrenta el atmoterrorismo, cuestiones como que la ineludible costumbre de respirar es la que se vuelve contra aquellos que respiran, por cuanto estos, a fuerza de seguir la práctica de ese elemental hábito, se convierten en involuntarios cómplices de su propia destrucción. Después de los ataques con gas tóxico, el aire perdió su inocencia. Y los signos se cubrieron de fango. Todo podría estar latentemente contaminado o intoxicado.

Hasta el siglo XX la política y la guerra moderna tuvieron lugar en torno del Estado-nación, una entidad fija en un territorio extenso con una población relativamente repartida. Existía un campo de batalla, un escenario bélico, un terreno donde los ejércitos podían enfrentarse, para desde allí eventualmente proceder a la conquista territorial, de la cual las ciudades eran el último escenario de lucha. Las guerras mundiales, sobre todo la Segunda, marcaron un quiebre destinado a perdurar: la ciudad pasó a ser blanco de los ataques militares con bombardeos a la población civil. La estrategia militar evidentemente había tomado nota del formidable cambio por el que las poblaciones abandonaron las bastas extensiones para concentrarse en territorios pequeños como las ciudades. Atacar una ciudad sería, a partir de entonces, un hecho político. Para autores como Virilio, pero sobre todo Sloterdijk, aquí nace la lógica del terrorismo moderno y así lo expone en Temblores de aire6.

1SLOTERDIJK, Peter, Temblores de aire, en las fuentes del terror, Ed. Pre-Textos, Valencia 2003

2JÜNGER, Ernst (1895-1998) constituye, posiblemente a causa de sus participaciones - diametralmente opuestas - en ambas guerras mundiales, una figura privilegiada del escritor-soldado; sin embargo, Jünger fue cronológicamente, combatiente antes de ser escritor. Así, como subraya Marcel Decombis (Ernst Jünger, l’homme et l’œuvre jusqu’en 1936) siguiendo la línea trazada por el especialista de historia literaria Langenbucher, es necesario distinguir “el linaje de poetas que se convirtieron en soldados, de la joven generación (de la cual forma parte Jünger) que la guerra transformó en poetas”. En efecto, la generación intelectual alemana que había publicado anteriormente a 1914, entre otros R.G. Binding o St George, sintió la guerra como un cuestionamiento apocalíptico de la cultura de la cual formaba parte. Sin embargo, la generación literaria de Jünger o de Dwinger y Schauwecker, irrumpía en ese momento dentro de la historia contemporánea. En este sentido, Jünger forma parte de los autores que no esperaron ver madurar en ellos una vocación, sino que se sintieron incitados a la escritura por la crudeza de una experiencia belicosa que derrocaba el antiguo mundo y que debía ser contada sin artificio.

3BAUDRILLARD, Jean, La transparencia del mal (1989) Anagrama, Barcelona, 1990.

4Director científico del programa Gas para la Guerra que desarrolló el gas utilizado en Yprés, obtuvo el premio Nobel de Química en 1918,

5VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Sloterdijk y Canetti; El detonante iconográfico y operístico de la política de masas”, en NÓMADAS Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas. Universidad Complutense de Madrid, | Nº 15 | Enero-Junio 2007, pp. 201-214, http://www.ucm.es/info/nomadas/15/avrocca_detonanteiconografico.pdf

6SLOTERDIJK, Peter, Temblores de aire, en las fuentes del terror, Ed. Pre-Textos, Valencia 2003

EXPOSICIÓN DE ROSI LÓPEZ

Temblores de aire, atmoterrorismo y crepúsculo de la inmunidad

ROSI LÒPEZ

Rosi López  Arte

Rosi López

De Metrópolis a Blade Runner

Tras su paso por la Escuela de Bellas Artes y la Facultad de Arte en Viña del Mar y Valparaíso respectivamente, Rosi López radicaliza sus percepciones cinéfilas y estéticas, realizando una aproximación pictórica a los códigos y la iconografía propia del género de la ciencia ficción. Influencias cinéfilas plasmadas en una serie de pinturas en torno al arte cinematográfico y el fenómeno de los cult’ movies.

Posteriormente en su estancia en Madrid desarrolla una serie de obras en torno al paisaje de la devastación –post guerra del Golfo– la industria de la invasión militar y la amenaza bacteriológica.

Es así como Rosi López propone una reflexión en torno a los temas del progreso y la alineación en las sociedades postmodernas. Las obras ofrecen una conceptualización del futuro. El espacio cultural de la reproducción, la era de la clonación y la cosificación del ser humano. Blade Runner constituye una de sus obras más destacadas. En ella sueñan androides dentro de una vitrina. La inquietud de la autora esta situada en el paisaje industrial con sus plásticos y tejidos sintéticos, que producen desechos apocalípticos.

Rosi López  Arte

Los dominios perdidos

En su producción más reciente aparece un mundo de nostalgia donde a través de trenes abandonados, rieles oxidados, el otoño trae nostalgias del pueblo de la infancia, de la edad dorada, del país de nunca jamás, todo esto en un manifiesto tributo a la imaginería de Jorge Teillier, el poeta de la aldea y el origen. Sin duda una aproximación crítica de la autora al paisaje industrial, a la impersonalidad de las grandes ciudades. La sensibilidad neorromántica de esta última pintura nos reinstala tanto en el pasado memorable como en la nostalgia del futuro, en la confianza de que algún día seremos leyenda.

Adolfo Vásquez Rocca PH. D.

ROSI LÓPEZ Artista Plástica

rosilopez27@gmail.com

Bitácora Valparaíso – Madrid

1982-1984

Estudia en la Facultad de Artes de la Universidad de Playa Ancha

1998 y 2005

Estudia dibujo y pintura en la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar.

1989

Periplo Cinematográfico en Buenos Aires.

Museo del Cine, Cine Club Núcleo, Cinemateca Hebraica.

Influencias cinéfilas plasmadas en una serie de pinturas en torno al Arte cinematográfico y el fenómeno de los cult’ movies.

1990

Exposición “Micro-Espacios del Arte” en Sala Saint Paul’s, Association of British School in Chile.

Rosi López  Arte

1994

Exposición Colectiva “Cien Años de Cine” organizada por la Cineteca y la Dirección de Extensión de la Universidad Católica de Valparaíso.

(20 de diciembre al 15 de enero)

Rosi López  Arte

1995

Exposición de pintura “De Metrópolis a Blade Runner”. Palacio Carrasco, Centro Cultural de Viña del Mar.

(19 de octubre al 4 de noviembre)

Rosi López  Arte

Blade Runner constituya una de las obras mas destacadas de Rosi López. En ella sueñan androides dentro de una vitrina. La inquietud de la autora esta situada en el paisaje industrial con sus plásticos, neumáticos y tejidos sintéticos, que producen desechos apocalípticos”.

1998-1999 Estancia en Madrid.

Desarrolla una serie de obras en torno al paisaje de la devastación –post guerra del Golfo– la industria de la invasión militar y la amenaza bacteriológica.

Rosi López  Arte

Obras en depósito en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid.

Visitas de Estudio

Exposición retrospectiva de Francis Bacón, Galería A.M.S. Marlborough patrocinada por el British Council.

Exposición Arte Español Contemporáneo, Museo Reina Sofía, Madrid.

2000

Exposición “La Memoria de las Maquinas” Galería Arte Reñaca, Chile.

2001

Exposición “Estrategias para burlar las rutinas de la mirada.”

Casa de la Cultura de Limache. Con el Auspicio de la Escuela de Bellas Artes y la Universidad de Aconcagua.

Rosi López  Arte

2002

Muestra “Parque de la Cultura” organizado por el Gobierno regional, Casa de la cultura de Limache y Escuela de Bellas Artes.

Rosi López  Arte

2005

EXPOSICIÓN ROSI LÓPEZ Café-Arte 8ymedio, Valparaíso.

7 Octubre a 6 de noviembre 2005

2006

Estudiante Avanzada de Pintura – Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar

Rosi López  Arte

Rosi López

Ver:

ROSI LÓPEZ; EXPOSICIÓN “TEMBLORES DE AIRE”


miércoles 26 de septiembre de 2007

RAÚL RUIZ; LA RECTA PROVINCIA Y LA POETICA DEL CINE

RAÚL RUIZ; LA RECTA PROVINCIA

No se puede mostrar la imagen “http://www.antoinepoupel.org/Photos/P_Ph008.jpg” porque contiene errores.

Adolfo Vásquez Rocca
RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

La recta provincia

Este era un hombre. Vivía con su madre. Cuidaba una casa patronal, en el campo de Chile. Un día el hombre encontró un hueso en el jardín. El hueso estaba agujereado. Era una flauta ese hueso. El hombre toco música con esa flauta. Y la música se volvió canción. La voz de la canción suplicaba que buscaran los otros huesos de su cuerpo disperso. El hombre y su madre se fueron por esos caminos de Dios y de los mil demonios, buscando los huesos con que componer el esqueleto de aquel cristiano. Y darle santa sepultura. Y vieron lo que vieron, vivieron lo que vivieron. Muchas historias vivieron. Y aunque no se la contaron a nadie, otros la contaron por ellos.

http://www.mabuse.cl/1448/articles-70708_foto_portada.jpg

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

- Así comienzan las historias de la serie “La recta provincia” [de Raúl Ruiz] que ponen ante nuestros ojos personajes muy familiares, giros y modismos del Chile profundo, pero todo desde una extrañeza radical, que nos hace volver a los “días de campo” como extranjeros, como extraterrestres que por primera vez vieran y oyeran caer una gotera, hablar al diablo y se solazaran con viejas historias contadas por el viento arremolinado, desenterradas de cuentos y mitos campesinos, relatos de viejas castas de demonios que se arrimaron por estas tierras en tiempos de pillaje y muertes cruentas de conquistadores e indios belicosos que dieron lugar a ríos de sangre mística entre el Biobío y el Toltén.

La historia arranca cuando una madre y su hijo descubren un hueso que se puede tocar como flauta y que al hacerlo, pide que reconstruyan su cuerpo.

http://laguiadesantiago.cl/wp-content/uploads/2007/08/ruiz00.jpg

RAÚL RUIZ; LA RECTA PROVINCIA Y LA INVENCIÓN DE CHILE

Este es Chile. Es la recta provincia, donde todos cojeamos.

Se dicen dos cosas en “La Recta provincia”: por estos lados se llega a viejo y todos somos un invento. Son dos razones para que Raúl Ruiz, poco a poco, vuelva al lugar del que nunca se ha ido, al país de nunca jamas, donde todos somos parte de un cuento, un cuento chueco, oblicuo. Este es Chile. Es la recta provincia, donde todos cojeamos, asegura un diablo. La realidad, en consecuencia, es obtusa y ladeada. Un lugar donde muertos y vivos comparten, donde los poetas de los lares conocen el secreto para hablar con los muertos, un territorio donde lo único perfecto son largos planos de montaña, bosque y cielo azulado, esto es lo que Ruiz ha querido descifrar en sus rapsodias de Chile, una identidad nacional en permanente fuga, imprecisa como su filmografía, dispersa en más de 95 películas. Las que si se ven con paciencia, se encuentra la verdad de Chile y el nombre de Chile, que es el nombre del invento1.

http://moviesonline.ca/movie-gallery/albums/userpics/Klimt22.jpg

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

Los cuentos chilenos tienen -según Ruiz- ecos de todos lugares, versiones equivalentes en Europa, los países árabes y nórdicos; son las ruinas que quedan de ciudades y culturas antiguas y que de esta forma se pueden reconstruir, mediante este género que Ruiz define como “ecos” o permutaciones, una operación poética que consiste en recopilar un cuento ancestral nórdico o vikingo y filmarlo -levemente contextualizado- en Chile.

Ecos de Shangai a Santiago, patronato puede ser un mercado de Corea, todos mezclados en un zapato chino, como el saber de Ruiz que es un conocimiento fracturado, universal y alucinante: habla de matemáticos, lingüistas o filósofos de todos los siglos, conoce la minucia y las anécdotas. Y si lo cuenta es porque sólo confía en la historia oral, que es la única que cambia, muda y se modifica en el tiempo: como sus películas, como él, como Chile.

No se puede mostrar la imagen “http://blog.johnmenick.com/blog/ruiz_video.jpg” porque contiene errores.

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

Es que Raúl Ruiz es un narrador extraterrestre, que nos cuenta el mismo cuento de siempre, pero desde otro lugar, bañándolo con la luz auroral que sólo los grandes poetas pueden poner sobre las cosas. Todo en esta serie es muy chileno, pero a la vez muy extraño. Es que Chile es extraño. Ruiz es nuestro Homero, y la musa a la que invoca es la Mnemosyne “chilensis”, el recuerdo de las historias con que sus abuelos de Mulchén y Chiloé infestaron su memoria virgen de niño de un Chile que ya se fue. Chile de formas, de ademanes, de una precisión y elegancia en el lenguaje extremas. Tierra delicada, ladina, fantasiosa, de seres no contaminados por el apuro. En Chile había tiempo, por eso se cultivaba la religión de la amistad, el arte de la paya, las conversaciones en bares sagrados, en interminables tardes polvorientas. Y eso sólo lo puede narrar alguien poseído por el éxtasis y la ebriedad de la antigua juglería.

http://laguiadesantiago.cl/wp-content/uploads/2007/08/provinvia00.jpg

RAÚL RUIZ LA RECTA PROVINCIA

Porque el cuento de Chile es el cuento de nunca acabar, y eso lo sabe Ruiz, y todo aquel que ha querido acabarlo en modelos narrativos “europeos” ha terminado por matar la vida que venía de nuestra oralidad y que -salvo los poetas- muy pocos narradores han podido trasvasijar a lo escrito. Para ello Ruiz ha escrito su propia Poética del Cine, inventando teorías sobre el cine, reinventando Chile, deconstruyendo y evocandos mundos inmemoriales.

http://static.flickr.com/69/196580316_3a700cdab0_o.jpg
Días de Campo

Como en Días de Campo donde aparece el Chile rural, descrito en los relatos de Federico Gana. El de los latifundistas ociosos y del campesinado laborioso en estos dominios perdidos. Ni realista ni surrealista, sino todo lo contrario -por relativizar las clasificaciones de las que se burla la película-, urbano o rural, actual o de época, lo que no cambia es la polisemia visual y la lógica paraconsistente característico de los mundos de Ruiz. En su presentación de Días de campo, Ruiz ha señalado que una ficción chilena es ’una ficción sin atributos’, una película donde los personajes que pululan en estos universos recreados desde las ficciones de un Chile rememorado y reencontrado son sujetos de asombro y de extrañeza, de muertes y maravillas, donde lo fantástico irrumpe en una cotidianeidad pasmosa en medio de senderos polvorientos que se bifurcan sin conseguir llegar a ninguna parte, como se ve, se trata de acontecimientos ’sin historia’ como la novela de Federico Gana -siempre en camino, pero nunca terminada-, en un aplazamiento constante, como Chile mismo, que es una gran y sola excusa.

De modo que si Días de campo resucita el costumbrismo de la sociedad rural es únicamente para fulminarlo, para hacerlo estallar, para forzar sus reglas hasta un límite insospechado, como cuando sus protagonistas hablan de los inventos que vendrán en el futuro, cuando se oye el sonido de aviones que pasan o cuando una simple gotera adquiere un poder apenas comparable al del destino.

No se puede mostrar la imagen “http://www.culturart.cl/Cine/Raul%20Ru%EDz/ruiz2.jpg” porque contiene errores.

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

Pese a todo, Raúl Ruiz no quiere saber demasiado. No quiere habitar en los reductos de las certezas muertas. Prefiere habérselas con las las preguntas menores y para eso están los cuentos y sus películas. Pero no las preguntas mayores, porque siempre se corre un riesgo, quedar atrapado por la verdad y los ritos mortuorios del ingreso en el canon de la Cultura mayor. Para Ruiz es preferible disimular la búsqueda, estar lleno de preguntas y no de respuestas, con el eco de mil conversaciones en el Parrón, mientras hace películas, chistes e inventa cuentos. Raúl Ruiz siempre está sonriendo, parece sufrir la Locura de Demócrito: todo le parece divertido. Ruiz juega a alas escondidas con su cine, cultiva la incertidumbre de la imagen y el juego entre la representación y lo que se esconde en la representación. Una persona dice una cosa queriendo decir otra, es el recurso muy chileno de decir una cosa por otra.

No se puede mostrar la imagen “http://www.margencero.com/articulos/articulos2/raul_ruiz2.jpg” porque contiene errores.

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

A Ruiz pese a todo se le puede encontrar en sus escondites, es cierto que nadie es profeta en su tierra, pero sí puede serlo en su en su bar, tal es el caso del director de cine, escritor y genio residente -de este, el país de nunca jamas, de ese Far West llamado Chile. Ruiz de una filmografía difícil de precisar por su diversidad de registros y lo prolífico de su producción -ya desde el tiempo de la Unidad Popular realizaba filmes polisémicos, de visualidad barroca y de una densidad poco frecuente, para los recursos autorales que uso desde el comienzo, recurso al habla empírica -la frase hecha- que Parra ha sabido detonar en sus artefactos, los actores no profesionales, la improvisación en el guión y la preeminencia del ojo y la imagen sobre el guión; todo ello han hecho destacar su filmografía, compuesta de documentales por encargo, telefilmes para la televisión francesa, producciones autorales de bajo presupuesto, producciones de gran aliento y generoso presupuesto -como El tiempo recobrado, la adaptación de Proust. el clásico francés por antonomasia, llevado a la pantalla grande por el más chileno de nuestros cineastas franceses.

http://european-films.net/images/stories/interviews/raulruiz1.jpg

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

Ruiz, el cineasta más prolífico de nuestro tiempo, aquel cuya filmografía es casi imposible establecer, por lo diversa y multiforme que resulta ser su producción desde hace más de veinte años. Raúl Ruiz, un cineasta que navega entre Lisboa, Rótterdam y Valparaíso”.

No se puede mostrar la imagen “http://hosting.udlap.mx/profesores/miguela.mendez/alephzero/archivo/historico/az40/hipertextos_files/image013.jpg” porque contiene errores.

Adolfo Vásquez Rocca Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

Católica de Valparaíso

Hoy Ruiz acaba de ser distinguido como Maestro de Cine, reconocimiento que recibirá este año en el Festival de Cine de Roma, reservado sólo para pocos directores que hayan llegado a hacer un cine de excepción.

Raúl Ruiz no es una figura reconocida en nuestro país como lo ha sido en Europa. Sus títulos más conocidos -por no decir los únicos- son Tres Tristes Tigres [dedicado al club Cólo - Cólo, de allí que en La Recta Provincia sea un pecado ser de la “U”] y Palomita Blanca [filmada por Ruiz con la única precaución de no haber leído la novela].

No se puede mostrar la imagen “http://admin.iberoamerican.cl/scripts/galerias_imagenes/fotos/1520_DSC04382.JPG” porque contiene errores.

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

Parece ser que su cine es para una elite, un director de culto, sólo para intelectuales, prácticamente inalcanzable. Sin embargo, TVN transmite actualmente una serie escrita y dirigida por Ruiz llamada “Recta Provincia” (haciendo referencia a los brujos de Chiloé) que narra una historia localizada en el campo de la zona central de Chile, con referencias no sólo a nuestro folclore sino a tradiciones antropológicas ancestrales de todo el mundo y que en su cine reverberan con la majestad de la presencia muda de la cordillera de los Andes como horizonte mítico de nuestro aislamiento, de nuestra condición de isla al fin del mundo, donde proliferan los cuentos de buques fantasmas, de almas en pena, de huesos repartidos en esta extraña patria, en la fértil provincia y señalada, en la región Antártica famosa, de remotas naciones respetada por fuerte, principal y poderosa; donde la gente es tan tan soberbia, gallarda y belicosa, que no ha sido por rey jamás regida, ni a extranjero dominio sometida; sólo ha sido dominada por pequeños periodos bajo regímenes de excepción, el más largo de esos gobiernos es el dominio espiritual de la tierra de los brujos y demonios que en la mitología de Chiloé se ha dado en llamar la recta provincia. Así el relato de Ruiz se eleva de la anécdota local de los mitos fundacionales a los arquetipos universales de la creación del mundo, constituyendo no sólo una cosmovisión sino una cosmogonía y sobre todo un relato mayor sobre los orígenes del mal.

Adolfo Vásquez Rocca

Chilean director Raul Ruiz poses for portaits in Rotterdam, presenting his Klimt, Jan 06 Chilean director Raul Ruiz poses for portaits in Rotterdam, presenting his Klimt, Jan 06 Chilean director Raul Ruiz poses for portaits in Rotterdam, presenting his Klimt, Jan 06
RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

Anexo 1

Raúl Ruiz; en torno a la crisis de Política cultural

La cosa comienza muy atrás y muy profunda. Empieza por el estatus de las personas que se dedican a la cultura. El problema puede tener -hipotéticamente- solución, porque en Francia—a fines del siglo pasado—el estatus de los artistas no era muy distinto al que tienen hoy día en Chile. Efectivamente, en el siglo pasado los artistas vivían casi como mendigos y pasaban la mitad de su vida en unos bares oscuros, que es el caso un poco ahora en Chile. O dependían de instituciones, las que en vez de hacer cultura, en vez de crear, hacían comentarios. Esa es una enfermedad típicamente chilena y latinoamericana en general: pretender que hacer cultura es hacer comentarios a hechos culturales que ya tuvieron lugar, en lugar de producir nuevos.

Y empieza por una cosa que es más grave todavía. Chile, como todos los países de habla hispánica (como España también), padece una vieja tradición anticultural, que viene de la guerra contra los moros y de la persecución de los judíos. Quien sabe leer y escribir es judío. Está bien no saber leer y escribir. Quien trabaja mucho es árabe. Los dos principios del casticismo español. Un verdadero español no debe trabajar y debe ser analfabeto y dedicarse a pelear, a las armas. Es el único arte noble. Eso sigue latente en América Latina. ¿Qué es el artista? O es un maricueca o es mantenido de las señoras ricas. Eso no ha cambiado.

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

1 ROA VIAL - TEILLIER, Armando - Jorge, La Invención de Chile, Editorial Universitaria, Santiago, 2a. ed. 1997

Ver:

http://dvdtoile.com/ARTISTES/2/2195.jpg
RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

RAÚL RUIZ LA RECTA PROVINCIA

http://humanobsas.files.wordpress.com/2007/09/adolfo_vasquez_rocca_expo_psi_01.jpg

Adolfo Vásquez Rocca

Adolfo Vásquez Rocca Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

Adolfo Vásquez Rocca

Ver:

http://programas.tvn.cl/Larectaprovincia/2007/

RAÚL RUIZ; LA RECTA PROVINCIA Y LA INVENCIÓN DE CHILE

sábado 22 de septiembre de 2007

GEORGES PEREC LA LITERATURA COMO ARTE COMBINATORIA

Pensar y clasificar; Georges Perèc, escritor y trapecista.


Adolfo Vásquez Rocca


Pontificia Universidad Católica de Valparaíso - Universidad Complutense de Madrid

http://videopool.typepad.com/photos/uncategorized/mikeparr.jpg

Adolfo Vasquez Rocca



Introducción




... el resto es literatura.





Clasificando el mundo para comprenderlo a su modo, Georges Perèc no cesó de trastocar las convenciones de lo sensible y las jerarquías establecidas. Su mirada confiere a la trivialidad, a los seres y a las cosas cotidianas una densidad inesperada que nos turba y nos maravilla.



Georges Perèc es uno de los escritores más interesantes e imaginativos del siglo XX que, además de haber sido el creador de los crucigramas semanales de la revista Le Point, de París, realizó guiones cinematográficos, varias novelas, poesías, ensayos literarios y sorprendentes piezas teatrales. Georges Perèc, continua siendo casi desconocido para el gran público, a pesar de que existen traducciones de sus obras a 15 idiomas y goza de celebridad entre autores –para quienes constituye una inspiración– como es el caso de Raúl Ruiz1, al modo como Jean Genet lo constituyo para Sartre.


La imagen que Perèc dejó tras de sí es mitológica. Hombre de infatigable libertad, para quien las palabras eran el medio de imponer eternidad a los objetos, fue perfeccionando con minucia el retrato que iba a dejar a la posteridad.


Desde hace más de una década, París ha sido poseído por el culto a Perèc, que se refleja en los incontables grupos teatrales, asociaciones de vecinos y clubes con su nombre. Todo autor francés de crucigramas ha desafiado alguna vez a sus lectores con los palíndromos, anagramas, heterogramas, homofonías, “bolas de nieve” y demás dramas alfabéticos en los que Perèc era un consumado maestro. Quienes lo conocieron dicen que era un hombre extraño, tierno, alegre, atento, curioso, con una inusual conciencia de su lugar en la historia.



Vestía siempre una camisa de cuello alto, se cortaba el pelo al rape y sus enormes ojos verdes, que centelleaban ante la menor respiración de la vida, le conferían un cierto aire seductor, disipado por los infinitos lunares y verrugas en las mejillas y las orejas apantalladas.


Dos años después parecía otra persona. Se había dejado crecer una barba desflecada en la mandíbula, que casi en seguida se volvió gris. El pelo enmarañado sobre la frente y los ojos, cada vez más abiertos, cada vez más asombrados, dominaban una cara radiante de tierna lucidez.








Desde comienzos de los 60, Perèc trasegaba las calles de París en busca de lo que él llamaba “las hierbas perdidas de la ciudad”: balcones, sillas de café, señales del metro, melodías cantadas por los vagabundos, frases hechas, listas de compras, sellos postales, boletas de supermercado.


De su infancia desgarrada dará cuenta mucho más tarde, en una obra de título enigmático, W. Allí evocará Isy, al padre que murió combatiendo en junio de 1940, y a Cyrla, la madre desaparecida tres años después en los crematorios de Auschwitz. Evocará la carencia de amor y la sorprendente felicidad de no necesitar el amor.


Unos tíos a los que casi nunca veía, le permitieron graduarse como sociólogo y trabajar como investigador en el célebre Centre National de la Recherche Scientifique. Todo el resto es literatura.


A fines de los 50, devorado por una fugaz fiebre política, publicó artículos combativos en las revistas Partisans y Cause commune, y con un dúo de amigos, Roland Barthes y Henri Lefevbre, fundó el grupo 'Argumentos', cuya única finalidad era conversar.


Luego, los tres se apartaron para escribir. Lo hacían frenéticamente, con saña, como si el próximo minuto de vida dependiera de la próxima palabra. En 1965, Perèc publicó Les choses. Su éxito fue fulgurante.



1.- Georges Perèc o la Literatura como Arte Combinatoria.



Una lista de las pinturas colgadas en una galería de arte, 81 variaciones sobre una receta de cocina para principiantes, una simple enumeración de cosas o de suposiciones, una serie de datos precisos acerca de sucesos intrascendentes, no parecen configurar la estructura ideal para el trabajo de un escritor.


¿Que interés artístico puede tener la simple enumeración de algunas de las infinitas posibilidades de ordenar los libros de una biblioteca...? Es difícil que un amante de los crucigramas, los acrósticos y las fugas de vocales pueda llegar a considerar a estos trabajosos pasatiempos como formas literarias. Sin embargo en obras como La vida instrucciones de uso2 (1978) Georges Perèc3, escritor y trapecista, escritor de culto y amigo de Raúl Ruiz, demuestra a través de una sucesión de descripciones –articuladas según el arte combinatoria– una apasionante forma de describir el universo partiendo sólo de lo hallado en una casa.



En 1965 Perèc obtiene el premio Renaudot por su primera novela –Les choses Las cosas4 donde narra la progresiva desaparición de un joven matrimonio de diletantes parisinos entre sus aspiraciones sociales y sus ansias revolucionarias. En 1967, junto al extraordinario novelista Raymond Queneau5 –miembro del Colegio de Patafísica6, director de la Encyclopédie de la Pléiade– y el matemático Françoise Le Lionnais forma OULIPO (Ouvroir de Littérature Potentielle “Taller de literatura potencial”), que entre sus miembros llegó a contar con figuras como Nöel Arnaud, Marcel Bénabou, Italo Calvino, Marcel Duchamp, Luc Étienne, y Albert-Marie Schmidt entre otros. El objetivo del grupo era explorar el potencial combinatorio de aquellas coerciones formales como la gramática y las reglas de estilo, persiguiendo siempre la expansión del campo de posibilidades narrativas. Explorar los juegos y las combinatorias posibles dentro de las reglas convencionales de la literatura.




El inclasificable talento narrativo de Perèc crece bajo la influencia, precisamente, de los experimentos realizados al interior del OULIPO. Oulipo fue una de las últimas vanguardias, o una de las primeras neovanguardias, capaz de abrir las ventanas de la ficción al aire puro de la ciencia y la combinatoria matemática, y cuyo Atlas de littérature potentielle acaba de reimprimir 'Gallimard', un catálogo de máquinas textuales para la creación literaria (palíndromos, como el de 5.000 palabras pergeñado por el propio Perèc, anagramas, lipogramas como el que da razón de su novela La disparition, crucigramas, juegos de repetición y recurrencia, caligramas, estructuras combinatorias y otros mecanismos a los que el lector se podrá asomar en el manual de Màrius Serra, Verbalia. Juegos de palabras y esfuerzos del ingenio literario (Península, 2001).


En 1969 Perèc presenta su novela La Disparition7 (El Secuestro), una novela policial que relata la misteriosa desaparición de Tonio Vocel y una secuencia delirante de maldiciones, asesinatos, incestos, venganzas y todos los componentes de una tragedia pequeño burguesa: banquetes, accidentes de tránsito, pistas falsas, policías rudos, informes desclasificados de inteligencia, variaciones del Zahir borgeano, paráfrasis a Melville, citas a un desconocido poeta chileno, descripciones de vestidos Chanel color gris o blanco, discusiones sobre arte moderno, variaciones sobre música docta, la utilización arbitraria de algunas palabras, cartas testimonio delirantes, y la desaparición o secuestro de la letra “e” (la más utilizada en la lengua francesa), que en el excelente trasvasije del equipo traductor derivó en la desaparición o secuestro de la letra “a” en nuestra lengua castellana, tan omnipresente como su contraparte francesa. Georges Perèc construyó su obra a base de desafíos y artificios: escribir una novela prescindiendo de la letra “e”, la vocal más común en francés, o construir una narración siguiendo los pisos de un edificio. Ahora se publican por primera vez en español Me acuerdo, unas peculiares memorias en las que se prescinde de la cronología para acumular casi 500 frases que empiezan con las dos palabras del título.


La obra de Perèc decodifica su brillante imaginería para construir un relato en que las formas y sus limitaciones se convierten en un organismo expresivo que expande y contrae al mismo tiempo las reglas de la escritura novelística, arrastrando esa ilusión pictórica que es la pequeña historia natural del hombre hacia registros de diversa naturaleza, hacia una polisemia textual, al modo de las paradojas en el cine chamánico de Raúl Ruiz, el Zahir borgeano, el alfabeto Creador, el arte combinatorio, todo esto, cruzado por citas de un desconocido poeta chileno que prefiere “emanar una identidad velada”, así como por la práctica de la intertextualidad.


Ahora bien, se pueden tener fundadas presunciones acerca de que este poeta no es otro que Juan Luis Martínez8, el autor de la Nueva novela9, entre las que se cuentan el carácter experimental de su poesía, su juego desestabilizador de estructuras y géneros narrativos, la inclusión de puzzles, crucigramas y caligramas de poesía china, pero sobretodo el título, en La nueva novela, de uno de sus poemas y la dedicatoria de otro de ellos, a saber, en el primer caso “La desaparición [La Disparition] de una familia” y, en el segundo, la dedicatoria del poema o artefacto “La grafología” a Françoise Le Lionnais – el matemático y fundador junto a Queneau del Ouvroir de Littérature Potentielle.


Tras este breve excursus volvamos sobre la obra de Perèc, ahora para referirnos a la que es, seguramente, su obra más importante, La vida instrucciones de uso.


http://farm1.static.flickr.com/45/384874735_1dd390de5c.jpg



2.- La vida instrucciones de uso.



La vida instrucciones de uso no es más que una descripción de una finca, pero tan barroca y pormenorizada que llegará a cubrir buena parte de la historia, geografía, política y bellas artes del último siglo.


Cada uno de sus breves capítulos está dedicado a una estancia del edificio, el comedor del tercero a la derecha; el dormitorio de los Foulerot; un tramo de escaleras y consiste en una descripción meticulosa y exacta de la habitación y de los objetos allí presentes: mobiliario, adornos, cuadros y estampas, cualquier cosa nos será dibujada con palabras, tantas como sea necesario para evitar ambigüedades: las descripciones de centenares de objetos podrían ser recuperadas para un catálogo de venta por correo, siendo más fieles y vivaces que muchas fotos. Si, por casualidad, se encontrase alguien en la pieza bajo estudio (persona, animal o recuerdo de antiguo inquilino), también nos será descrito, con menos énfasis en lo físico que en sus ocupaciones y breve biografía. En caso de existir anécdotas interesantes protagonizadas por el personaje, o por alguien muy próximo, nos serán relatadas en este momento.


http://img483.imageshack.us/img483/4966/01adolfovasquezrocca11it1.jpg


Algo no muy distinto a lo que ha hecho Ruiz al adaptar al cine En búsqueda del tiempo perdido de Proust.


Capítulo a capítulo, el libro se enriquece con una variada colección de objetos, personas e historias que poco a poco, al establecerse nexos entre ellos, van dibujando algo mucho mayor que una simple aglomeración de habitaciones, tal como las teselas de un mosaico van formando una figura: una "novela de novelas", riquísima, con interesantes personajes cuyas aventuras se extienden, durante décadas, por varios océanos y continentes. Dentro de todas ellas, un par de metáforas de la novela: el pintor que quiere representar en un gran lienzo a todos los inquilinos de la casa, presentes y pasados, y el inglés excéntrico que dedica su vida a no dejar huella, mediante un complicadísimo procedimiento en el que los puzzles juegan el papel principal. Como prueba del abrumador contenido del libro, varios índices al final: de nombres, cronologías e historias.


Es en el preámbulo a su La vida instrucciones de uso nos ofrece como clave de la novela una defensa del hecho epistemológico del puzzle o rompecabezas (es el conjunto el que determina a los elementos), seguido de una sucinta descripción de las piezas que lo constituye.


La vida instrucciones de uso10 se pretende la mirada parcial pero totalizadora de un edificio, sus lugares y sus habitantes. Cada nuevo capítulo supone la descripción exhaustiva de un espacio, según sean los objetos dispuestos sobre las mesas (según sean estas mesas y el resto del mobiliario), los cuadros sobre las paredes (y lo que en ellos queda ilustrado). Dispuesta la escena, según sea el momento, se sucede la posibilidad de una historia, ya sea de lo que acontece o lo que ha acontecido, a partir de lo cual revisa antecedentes o consecuencias.








El estilo de Georges Perèc es muchas veces árido, semejante al de un acta policial, notarial o forense. El autor intenta mantenerse neutral frente a lo descrito, por lo que, para no discriminar lugares, objetos o personas, lo retrata todo con la misma meticulosidad, nos parezca o no relevante.


En la reiteración obsesiva de sus descripciones, enumeraciones y clasificaciones de objetos se puede advertir un fijar la atención minuciosa y escrutadora sin menoscabo del carácter provisorio que bajo su mirada adquiere cualquiera realidad.


Es en este sentido que la obra de Georges Perèc tiene la vocación del catálogo. Es por eso que resulta tan fascinante como el hecho del catálogo mismo, armado en función de un propósito, cual ordenamiento arbitrario de la realidad (o una parte de ella) para quedar como su referente, profuso en la descripción de su escenario.


El catálogo siempre nos sobrepasa, en su extensión no cabe agotarlo; como el diccionario, se convierte en referencia y, al margen de su naturaleza, como ilustración que lo sitúa y determina en el paisaje de lo escrito. Se trata de una lista convenida, el resultado de una pesquisa hecha en función de uno o varios parámetros. Se asume convenida a pesar de que, en primera instancia, pudiera parecer aleatoria. Y es en tales términos que se convierte en un reto, a partir de los objetos, personas o ideas que son puestos en evidencia, ordenados de tal o cual modo que uno debe descubrir los lineamientos que hacen posibles el rigor del catálogo. Se trata entonces, como en la novela policíaca –otra máquina de rigores– de un juego en el que queda representada la gesta trágica del héroe, desdoblada en sus alcances sobre el lector, quien –en una continuidad de parques– acaba por recorrer (y ser parte de) el laberinto, trampa que esconde el último sinsentido de toda historia.


Aquí el espacio circunscrito por la narración tiene rasgos próximos a las escenas oníricas donde nuestra vitalidad se nutre de la obliteración sucesiva de la conciencia, alejándonos de este modo de nuestra historia, hundiéndonos en una oscuridad que advertimos como falla constitutiva de la memoria.


La escritura puede, sin embargo, dispensar a nuestra memoria, a la consciencia de nuestro vivir: las palabras le brindan consistencia a los itinerarios vanos del movimiento por el que las cosas se digieren a sí mismas en nosotros. Así, esta necesidad de enumerar y clasificar, de pensar y describir, bien puede resultar la irrenuencia de una aspiración de ser. Sin embargo, hecha esta concesión, es preciso señalar que lo que resta en la escritura no es el sujeto ni su historia, el yo ni las cosas, sino el vacío de una historia, su mero itinerario sin rumbo definido ni finalidad. De modo que la aspiración de ser no significaría ya el ser que aspira a constituirse o permanecer, sino el que resulta aspirado en la escritura quedando tan sólo la huella impresa del vacío que el mismo ser es.


En la obra de Perèc existe una vocación de arqueólogo de lo sentimental. A lo largo de sus páginas, los personajes cobran consistencia gracias al catálogo que determina sus vidas, situándolos en medio de intrigas melodramáticas, misteriosos vínculos con objetos y síntomas compulsivos que dan lugar a aquellos particulares diagnósticos, heredados de la patología de autores de la modernidad decimonónica11. Se trata de un breve museo íntimo que servirá para anclar la existencia de estos personajes al inventario a partir del cual se reconocen y alinean. El catálogo, pues, determina las posibilidades de su historia, y su lugar en la trama.



3.- Las cosas.



Así también en su novela Las cosas12 los actos pueden leerse -como caligramas- en las cosas, viene dicha, en varios niveles, su procedencia y su uso. Distendido, pero con vocación clínica, Perèc hace la descripción que enumera y significa los objetos según una acción que se sucede en la inercia que supone el misterio revelado detrás de su enlistado. Dos mundos quedan superpuestos en tal descripción, el de las cosas, que en tal orden y sucesión suponen una expectativa (y por tanto, una carencia), un gusto (y por tanto una mirada), un conocimiento (y por tanto, una cifra). Esta el mundo de las cosas y el mundo que dice a las cosas, separación que parece arbitraría en la tensión paradójica de su mutua dependencia.


En Las cosas, la rígida separación sucesiva del catálogo es desleída en una descripción que suple -a la manera de Balzac en de Zapa- una mirada posible, recorrido que podría ser emulado por una cámara, para que el lector, como entendido, lea en la disposición del escenario la naturaleza del crimen. Al igual que en un grabado de Durero, donde cada cosa y disposición le dice algo al entendido. Hay una vocación irresistible de Perèc por el signo, tan lleno de posibles referencias -o claves- en uno u otro contexto -no siempre dicho- inerme en su sentido para quien no puede o no tiene una lectura exhaustiva, y por tanto, perdido por omisión de su intención original.


En las primeras páginas de Las cosas, Perèc se dedica a describir lo que nos revela después como un anhelo aún no conseguido, por los dos personajes centrales (y su círculo de amigos) que viven a través de los objetos que acumulan, desechan, añoran y consiguen. Son las cosas en su sucesión las que permiten la acción de la novela, desposeída de finalidad última (una desvirtuada felicidad en términos aristotélicos) que constituyen el grado cero de la novela burguesa, sin redención posible, desesperada en una acumulación frente a la nada.


Pero ante el vacío queda la posibilidad de sostenerse (o de menos, asirse) en la cuerda floja del texto, novelado en su agotamiento como negación que señala y evidencia sus mecanismos, como máquina revelada desde la que cabe descifrar la naturaleza de lo sagrado, que se escurre en el trazo del plano cartesiano que da un lugar a cada elemento que constituye al paisaje narrado. Es en la perversidad natural de este esquema -en la necesidad que se tiene de un ordenamiento a pesar de se inutilidad final- que Perèc redime al mundo, desde el gesto hecho signo, de sus coordenadas. Roto, fragmentado, el plano cartesiano pierde sentido, cada mínimo espacio de la cuadricula cumple con una taxonomía pero no con un sentido. De ese trazo, Perèc deriva al que produce un rompecabezas.




4.- W o el recuerdo de la infancia.


Otro ejemplo de catálogo en Perèc lo tenemos en su novela W o el recuerdo de la infancia13 donde Perèc realiza lo que se podría entender, por una parte, como la práctica del comentario exegético propio de la hermenéutica judía, y por otra, como una aproximación a una narrativa de estructura hipertextual14.


Aquí, en primera instancia no es posible establecer una secuencia lineal en la que ocurren los acontecimientos, sino, a lo menos, tres ejes de narración: el relato del rastreo de un hombre con falsa identidad al que se le encomienda una misión; la descripción institucional –sistemas de valores, leyes y costumbres– de una comunidad fueguina fanática del deporte llamada W; y las ensoñaciones de un hombre que presenta su infancia manipulando los recuerdos de su niñez.


En esta última secuencia es que Perèc bifurca el ya bifurcado texto central, realizando comentarios y comentarios de comentarios; generando con ello una estructura cada vez más compleja en la que se desplaza constantemente el centro de atención. Esto plantea desafíos al lector que deberá primero sobreponerse a la creencia de que es un libro mal escrito, y segundo deberá ser capaz de transitar de una secuencia narrativa a otra encontrando los puntos de intersección que comuniquen de un modo casi siempre no explicito las unidades de lectura. De este modo, el lector también deberá atenerse a la posibilidad de que el texto se multiplique exponencialmente, atisbando con ello una mirada al infinito; o hacia varios infinitos pues la geometría tanto cabalística como hipertextual establece constructos ordenados con varios centros.


Sin embargo, si se tratara de descubrir un mismo fondo a partir del cual se articulan las distintas secuencias narrativas, éste sería, el problema del poder. En efecto se advierte una preocupación fundamental acerca de las instituciones y los totalitarismos políticos, incluso cercanos:


He olvidado las razones que me hicieron escoger, a los doce años, Tierra del Fuego para instalar allí W: los fascistas de Pinochet se han encargado de dotar a mi fantasma de un último eco. Hoy varios islotes de Tierra del Fuego son campos de deportados15.


El orden interno de la obra sería, entonces, el de la meditación sobre el poder desde distintas perspectivas, logrando con ello una visión desde la marginalidad.



Adolfo Vásquez Rocca PhD


1VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Raúl Ruiz, l'enfant terrible de la vanguardia parisina; la poética del cine” en Almiar -© Margen Cero- Madrid, 2006 <http://www.margencero.com/articulos/articulos2/raul_ruiz.htm>

2PEREC, Georges, La vida instrucciones de uso, Ed. Hachette, Madrid, 1987.

3Georges Perèc nace el 7 de marzo de 1936 en París, de padres polacos.

4PEREC, Georges, Les choses, Paris: Julliard, 1965.

5 QUENEAU, Raymond, escritor y matemático francés. Tras un primer contacto con el surrealismo, Queneau inició una evolución más personal que se caracterizó por la tendencia a tomar el lenguaje como elemento de experimentación formal, cuya máxima manifestación serían los Ejercicios de estilo (1947), que presentan hasta 99 formas distintas de contar un mismo y trivial episodio ocurrido en un autobús. Su pasión por las matemáticas, los enigmas y los juegos estratégicos, le sirvió para construir mundos científico-imaginarios que él denominaba “patafísicos”: Les temps mêlés (1941), Saint Glinglin (1948). Autor poco dado a las confesiones y a las intimidades, a pesar de algunas novelas que podrían considerarse autobiográficas, su universo literario está construido con grandes dosis de humor inteligente e ironía, que a veces roza el absurdo, como en Zazie en el metro (1959).

6 VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, Artículo “Alfred Jarry: patafísica, virtualidad y heterodoxia”, Zona Moebius, United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization, año 3 / noviembre - diciembre 2005.

< http://www.zonamoebius.com/02.nudos-y-senales/avr_1004_jarry.htm>

7PEREC, Georges, La Disparition, Denoel Editions, 1969.

8Juan Luís Martínez (1942-1993), poeta que a fines de los 70 y principios de los 80 irrumpió en la escena lírica chilena con una poesía rupturista, escéptica e iconoclasta, incomprendida por buena parte de la crítica y rechazada por más de un editor. Los versos de Martínez han circulado por más de 20 años como fotocopias, aunque ahora la situación empieza a cambiar. La Nueva Novela –curiosamente a pesar del nombre– obra paradigmática de la vanguardia poética chilena se ha convertido en un objeto de un nuevo culto, el de la tacha de la autoría y la disolución del autor. Ver Artículo “La reconfiguración del concepto de autor. Alteridad e Identidad en la poesía de Juan Luis Martínez”, En Cyber Humanitatis Nº 33 (Verano 2005), Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile ISSN 0717-2869.

<http://www.cyberhumanitatis.uchile.cl/CDA/texto_simple2/0,1255,SCID%253D14316%2526ISID%253D512,00.html>

9En La nueva novela, obra paradigmática de la neovanguadia poética chilena, J. L. Martínez anticipa la escritura hipertextual, bajo el soporte de un libro para armar, desentrañar, recorrer, en algún sentido completar o construir, esto a partir de las tareas poéticas que aparecen allí prescritas, o los diversos enlaces con los que están tejidos problemas de física y matemática con otros de gramática, sintaxis e incluso ética.

Es imposible reseñar todos los juegos fantásticos del pensamiento, de la palabra, del contexto tipográfico y autoral, que esta obra nos presenta. Los textos de La nueva novela tienen la estructura del problema lógico, físico o matemático, con un espacio en blanco para su resolución, o con la solución misma a pie de página.

10 PEREC, Georges, La vida instrucciones de uso, Ed. Hachette, Madrid, 1987

11Como Poe, baste como ejemplo la minuciosa descripción que hace de la habitación de Roderick Usher en La caída de la Casa Usher.

12PEREC, Georges, Las Cosas, René Julliard, 1965.

13PEREC, George, W o el recuerdo de la infancia, Ed. Península, Barcelona, 1987.

14Ver “El Hipertexto y Las nuevas retóricas de la postmodernidad; textualidad, redes y discurso ex –céntrico”, Adolfo Vásquez Rocca, en PHILOSOPHICA, Revista del Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile, Volumen 27, 2004.

15PERÈC, Georges, W o el recuerdo de la infancia, París-Carros-Blévy.

Adolfo Vásquez Rocca PhD

Adolfo Vásquez Rocca

Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV. Áreas de Especialización Antropología y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV; Profesor de Antropología en la Escuela de Medicina y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la Universidad Andrés Bello, UNAB. Profesor asociado al Grupo Theoria Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado.

Director de la Revista Observaciones Filosóficas

http://www.observacionesfilosoficas.net/


  • Miembro del Consejo Editorial Internacional de 'Cuadernos del Seminario' - Revista del Seminario del Espacio ISSN 0718-4247 Vicerrectoría de Investigación y Estudios Avanzados Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

  • Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Argentina. ISSN 1669-9092 http://www.konvergencias.net/

  • Columnista y colaborador permanente en Staff de Revistas y publicaciones españolas, entre las que se cuentan:

    A PARTE REI ISSN: 1137-8204 -Revista de la Sociedad de Estudios Filosóficos de Madrid-

    NÓMADAS Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas ISSN 1578-6730 - Universidad Complutense de Madrid.

    EIKASIA, Revista de Filosofía, ISSN 1885-5679 – Oviedo, España.

    DEBATS, Revista de Filosofía y crítica cultural, ISSN 0212-0585, Institució Alfons el Magnànim, Valencia, España .

http://www.ucm.es/info/nomadas/12/avrocca6.jpg

Adolfo Vásquez Rocca

Artículos relacionados de Adolfo Vásquez Rocca



Adolfo Vásquez Rocca. Cine, literatura y arte combinatorio : Ensayos sobre la Postmodernidad Perèc, Greenaway y Aronofsky. Nómadas: revista crítica de ciencias sociales y jurídicas, ISSN 1573-6730, Nº. 11. 2005.


Adolfo Vásquez Rocca. Georges Perèc o La literatura como arte combinatoria : Instrucciones de uso. En Margen Cero, Madrid


http://www.margencero.com/articulos/articulos2/georgesperec.htm

Reseñados en Atlas de littérature potentielle, France


http://perso.orange.fr/jb.guinot/pages/GPoulipo.html

Ver:

Georges Perèc o la literatura como arte combinatoria

RAÚL RUIZ, L'ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

GEORGES PERÈC; PENSAR Y CLASIFICAR. Adolfo Vásquez Rocca


jueves 20 de septiembre de 2007

RAÚL RUIZ; LA RECTA PROVINCIA Y LA INVENCIÓN DE CHILE

RAÚL RUIZ; LA RECTA PROVINCIA


No se puede mostrar la imagen “http://www.antoinepoupel.org/Photos/P_Ph008.jpg” porque contiene errores.

RAÚL RUIZ LA RECTA PROVINCIA


Adolfo Vásquez Rocca

Este era un hombre. Vivía con su madre. Cuidaba una casa patronal, en el campo de Chile. Un día el hombre encontró un hueso en el jardín. El hueso estaba agujereado. Era una flauta ese hueso. El hombre toco música con esa flauta. Y la música se volvió canción. La voz de la canción suplicaba que buscaran los otros huesos de su cuerpo disperso. El hombre y su madre se fueron por esos caminos de Dios y de los mil demonios, buscando los huesos con que componer el esqueleto de aquel cristiano. Y darle santa sepultura. Y vieron lo que vieron, vivieron lo que vivieron. Muchas historias vivieron. Y aunque no se la contaron a nadie, otros la contaron por ellos.

http://www.mabuse.cl/1448/articles-70708_foto_portada.jpg

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

- Así comienzan las historias de la serie “La recta provincia” [de Raúl Ruiz] que ponen ante nuestros ojos personajes muy familiares, giros y modismos del Chile profundo, pero todo desde una extrañeza radical, que nos hace volver a los “días de campo” como extranjeros, como extraterrestres que por primera vez vieran y oyeran caer una gotera, hablar al diablo y se solazaran con viejas historias contadas por el viento arremolinado, desenterradas de cuentos y mitos campesinos, relatos de viejas castas de demonios que se arrimaron por estas tierras en tiempos de pillaje y muertes cruentas de conquistadores e indios belicosos que dieron lugar a ríos de sangre mística entre el Biobío y el Toltén.

La historia arranca cuando una madre y su hijo descubren un hueso que se puede tocar como flauta y que al hacerlo, pide que reconstruyan su cuerpo.

http://laguiadesantiago.cl/wp-content/uploads/2007/08/ruiz00.jpg

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

Este es Chile. Es la recta provincia, donde todos cojeamos, asegura un diablo. La realidad, en consecuencia, es obtusa y ladeada. Un lugar donde muertos y vivos comparten, donde lo único perfecto son largos planos de montaña, bosque y cielo.

Se dicen dos cosas en “La Recta provincia”: por estos lados se llega a viejo y todos somos un invento. Son dos razones para que Raúl Ruiz, poco a poco, vuelva al lugar del que nunca se ha ido, al país de nunca jamas, donde todos somos parte de un cuento, un cuento chueco, oblicuo. Este es Chile. Es la recta provincia, donde todos cojeamos, asegura un diablo. La realidad, en consecuencia, es obtusa y ladeada. Un lugar donde muertos y vivos comparten, donde los poetas de los lares conocen el secreto para hablar con los muertos, un territorio donde lo único perfecto son largos planos de montaña, bosque y cielo azulado, esto es lo que Ruiz a querido descifrar en sus rapsodias de Chile, una identidad nacional en permanente fuga, imprecisa como su filmografía, dispersa en más de 95 películas. Las que si se ven con paciencia, se encuentra la verdad de Chile y el nombre de Chile, que es el nombre del invento1.

http://moviesonline.ca/movie-gallery/albums/userpics/Klimt22.jpg

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

Los cuentos chilenos tienen -según Ruiz- ecos de todos lugares, versiones equivalentes en Europa, los países árabes y nórdicos; son las ruinas que quedan de ciudades y culturas antiguas y que de esta forma se pueden reconstruir, mediante este género que Ruiz define como “ecos”.

Ecos de Shangai a Santiago, todos mezclados en un zapato chino, como el saber de Ruiz que es un conocimiento fracturado, universal y alucinante: habla de matemáticos, lingüistas o filósofos de todos los siglos, conoce la minucia y las anécdotas. Y si lo cuenta es porque sólo confía en la historia oral, que es la única que cambia, muda y se modifica en el tiempo: como sus películas, como él, como Chile.

http://static.flickr.com/69/196580316_3a700cdab0_o.jpg

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

Es que Raúl Ruiz es un narrador extraterrestre, que nos cuenta el mismo cuento de siempre, pero desde otro lugar, bañándolo con la luz auroral que sólo los grandes poetas pueden poner sobre las cosas. Todo en esta serie es muy chileno, pero a la vez muy extraño. Es que Chile es extraño. Ruiz es nuestro Homero, y la musa a la que invoca es la Mnemosyne “chilensis”, el recuerdo de las historias con que sus abuelos de Mulchén y Chiloé infestaron su memoria virgen de niño de un Chile que ya se fue. Chile de formas, de ademanes, de una precisión y elegancia en el lenguaje extremas. Tierra delicada, ladina, fantasiosa, de seres no contaminados por el apuro. En Chile había tiempo, por eso se cultivaba la religión de la amistad, el arte de la paya, las conversaciones en bares sagrados, en interminables tardes polvorientas. Y eso sólo lo puede narrar alguien poseído por el éxtasis y la ebriedad de la antigua juglería.

http://laguiadesantiago.cl/wp-content/uploads/2007/08/provinvia00.jpg

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

Porque el cuento de Chile es el cuento de nunca acabar, y eso lo sabe Ruiz, y todo aquel que ha querido acabarlo en modelos narrativos “europeos” ha terminado por matar la vida que venía de nuestra oralidad y que -salvo los poetas- muy pocos narradores han podido trasvasijar a lo escrito. Para ello Ruiz ha escrito su propia Poética del Cine, inventando y reinventando teorías sobre el cine, teorías que puede refutar en su próxima película.

No se puede mostrar la imagen “http://blog.johnmenick.com/blog/ruiz_video.jpg” porque contiene errores.

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

Raúl Ruiz no quiere saber demasiado. No quiere habitar en los reductos de las certezas muertas. Prefiere habérselas con las las preguntas menores y para eso están los cuentos y sus películas. Pero no las preguntas mayores, porque siempre se corre un riesgo, quedar atrapado por la verdad y los ritos mortuorios del ingreso en el canon de la Cultura mayor. Para Ruiz es preferible disimular la búsqueda, estar lleno de preguntas y no de respuestas, con el eco de mil conversaciones en el Parrón, mientras hace películas, chistes e inventa cuentos. Ruiz juega a alas escondidas con su cine, cultiva la incertidumbre de la imagen y el juego entre la representación y lo que se esconde en la representación. Una persona dice una cosa queriendo decir otra, es el recurso muy chileno de decir una cosa por otra.

No se puede mostrar la imagen “http://www.margencero.com/articulos/articulos2/raul_ruiz2.jpg” porque contiene errores.

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

A Ruiz pese a todo se le puede encontrar en sus escondites, es cierto que nadie es profeta en su tierra, pero sí puede serlo en su en su bar, tal es el caso del director de cine, escritor y genio residente -de este, el país de nunca jamas, de ese Far West llamado Chile. Ruiz de una filmografía difícil de precisar por su diversidad de registros y lo prolífico de su producción -ya desde el tiempo de la Unidad Popular realizaba filmes polisémicos, de visualidad barroca y de una densidad poco frecuente, para los recursos autorales que uso desde el comienzo, recurso al habla empírica -la frase hecha- que Parra ha sabido detonar en sus artefactos, los actores no profesionales, la improvisación en el guión y la preeminencia del ojo y la imagen sobre el guión; todo ello han hecho destacar su filmografía, compuesta de documentales por encargo, telefilmes para la televisión francesa, producciones autorales de bajo presupuesto, producciones de gran aliento y generoso presupuesto -como El tiempo recobrado, la adaptación de Proust. el clásico francés por antonomasia, llevado a la pantalla grande por el más chileno de nuestros cineastas franceses.

http://european-films.net/images/stories/interviews/raulruiz1.jpg

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

Ruiz, el cineasta más prolífico de nuestro tiempo, aquel cuya filmografía es casi imposible establecer, por lo diversa y multiforme que resulta ser su producción desde hace más de veinte años. Raúl Ruiz, un cineasta que navega entre Lisboa, Rótterdam y Valparaíso”.

No se puede mostrar la imagen “http://hosting.udlap.mx/profesores/miguela.mendez/alephzero/archivo/historico/az40/hipertextos_files/image013.jpg” porque contiene errores.

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

Ruiz, el cineasta más prolífico de nuestro tiempo, aquel cuya filmografía es casi imposible establecer, por lo diversa y multiforme que resulta ser su producción desde hace más de veinte años. Raúl Ruiz, un cineasta que navega entre Lisboa, Rótterdam y Valparaíso”.

Hoy Ruiz acaba de ser distinguido como Maestro de Cine, reconocimiento que recibirá este año en el Festival de Cine de Roma, reservado sólo para pocos directores que hayan llegado a hacer un cine de excepción.

Raúl Ruiz no es una figura tan reconocida en nuestro país como lo ha sido en Europa. Sus títulos más conocidos -por no decir los únicos- son Tres Tristes Tigres y Palomita Blanca.

No se puede mostrar la imagen “http://admin.iberoamerican.cl/scripts/galerias_imagenes/fotos/1520_DSC04382.JPG” porque contiene errores.

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

Parece ser que su cine es para una elite, un director de culto, sólo para intelectuales, prácticamente inalcanzable. Sin embargo, TVN transmite actualmente una serie escrita y dirigida por Ruiz llamada “Recta Provincia” (haciendo referencia a los brujos de Chiloé) que narra una historia localizada en el campo de la zona central de Chile, con referencias no sólo a nuestro folclore sino a tradiciones antropológicas ancestrales de todo el mundo y que en su cine reverberan con la majestad de la presencia muda de la cordillera de los Andes como horizonte mítico de nuestro aislamiento, de nuestra condición de isla al fin del mundo, donde proliferan los cuentos de buques fantasmas, de almas en pena, de huesos repartidos en esta extraña patria, en la fértil provincia y señalada, en la región Antártica famosa, de remotas naciones respetada por fuerte, principal y poderosa; donde la gente es tan tan soberbia, gallarda y belicosa, que no ha sido por rey jamás regida, ni a extranjero dominio sometida; sólo ha sido dominada por pequeños periodos bajo regímenes de excepción, el más largo de esos gobiernos es el dominio espiritual de la tierra de los brujos y demonios que en la mitología de Chiloé se ha dado en llamar la recta provincia. Así el relato de Ruiz se eleva de la anécdota local de los mitos fundacionales a los arquetipos universales de la creación del mundo, constituyendo no sólo una cosmovisión sino una cosmogonía y sobre todo un relato mayor sobre los orígenes del mal.

Chilean director Raul Ruiz poses for portaits in Rotterdam, presenting his Klimt, Jan 06
Chilean director Raul Ruiz poses for portaits in Rotterdam, presenting his Klimt, Jan 06
Chilean director Raul Ruiz poses for portaits in Rotterdam, presenting his Klimt, Jan 06

1 ROA VIAL - TEILLIER, Armando - Jorge, La Invención de Chile, Editorial Universitaria, Santiago, 2a. ed. 1997

Ver:

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

RAÚL RUIZ LA RECTA PROVINCIA


ALFRED JARRY PATAFÍSICA Y DADAÍSMO

Alfred Jarry: patafísica, virtualidad y heterodoxia


Adolfo Vásquez Rocca

http://www.escaner.cl/escaner88/transversales88a.gif

1.- Alfred Jarry precursor del Dadaísmo

Alfred Jarry precursor del Dadaísmo, del Surrealismo y del Absurdo, recién llegado a París desde Laval, la ciudad que lo viera nacer el 8 de septiembre 1873, se convirtió en un habitué de los cenáculos frecuentados por los poetas simbolistas.

Alumno de Henri Bergson en la Sorbona, el aún incipiente dramaturgo era ya un hombre extremadamente cultivado, cuyos versos y artículos eran ya colaboraciones habituales en la 'Revue Blanche’, llegando el mismo a ser el fundador de 'L’imagier'. Consigue el aplauso del gran París en 1896 con Ubu rey, comedia satírica en la que se entremezclan referencias a Macbeth con los excesos de un monarca tan tirano con nobles y plebeyos como cobarde en la guerra.

Contra todo pronóstico, el éxito que conoce Ubu rey en el París del final de la belle époque es tal que Jarry escribe una segunda parte con el título de Ubu encadenado (1900). La gloria literaria corre a la par de la autodestrucción a la que el dramaturgo parece condenado irremediablemente. Alternando realidad y ficción en sus delirios de borracho, escribe El amor absoluto (1899), Mesalina (1901) y la curiosa novela El supermacho, definida en su edición española como "una muestra de los juegos a los que la teoría y la práctica del amor pueden entregarse teniendo por rival a las máquinas, a la velocidad, a todas las fantasías de los avances científicos de comienzos del siglo XX". Para la crítica, tan singular obra vino a ser un curioso ejemplo de "futurismo grotesco".

El teatro del siglo XX comienza a avizorar sus nuevas posibilidades –anticipando a Beckett– en la noche del 10 de diciembre de 1896 con el estreno de Ubu rey, Jarry no sólo renovó la escritura dramática, sino también los conceptos de la puesta en escena, pasando por el vestuario, el maquillaje, y –fundamentalmente– la actitud del actor.

Alfred Jarry, de quien André Bretón diría años más tarde que “aniquiló como principio la diferencia entre arte y vida”, montaba en bicicleta y pescaba, era diestro en el uso de la espada y llevaba casi siempre dos pistolas descargadas con las que disparaba simbólicamente contra todo pseudo-artista o impostor intelectual que se cruzaba en su camino. Pese a todo, fue fulminado a quemarropa por sus propias pulsiones autodestructivas. Jarry muere alcoholizado en 1907, no llegando a ver la publicación de Gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico. A raíz de su lectura, sus muchos admiradores querrán poner en marcha una ciencia llamada "patafísica", dedicada al estudio de las soluciones imaginarias y las leyes que regulan las excepciones.


2.- El Collége de Pataphysique

Alfred Jarry inventa así la Patafísica, “ciencia de las soluciones imaginarias que otorga simbólicamente a las delineaciones de los cuerpos las propiedades de los objetos descritas por su virtualidad”, en su obra Gestos y opiniones del Dr. Faustroll, patafísico (1)

A partir de esta obra fundacional el colegio de Patafísica se define como una "sociedad docta e inútil dedicada al estudio de las soluciones imaginarias".

La Patafísica sobrevivió a Jarry, creándose el 11 de mayo de 1948 como contrapunto irónico al prestigioso Collége de France, el Collége de Pataphysique. Este Collége ha contado con ilustres socios, entre los que se cuentan Raymond Queneau, Jacques Prévert, Max Ernst, Eugene Ionesco, Joan Miró, Boris Vian, Marcel Duchamp, Jean Dubuffet, René Clair, entre otros. Aquí Boris Vian, Jacques Prévert y su gata Labyronette acogieron las fiestas mayores del Colegio y más precisamente todas las que celebraban al Barón Mollet.

El Colegio de Patafísica decretó un periodo de ocultación, pero según parece el 20 de Abril del 2000 celebraron la Desocultación. Anunciaban una exposición de "Agujeros, Nadas y Espejismos" pero al parecer nadie la encontró.


3.- La Patafísica como ciencia de las soluciones imaginarias


La Patafísica es la ciencia que se añade a la Metafísica, bien sea en sí misma, bien sea fuera de sí misma, y se extiende más allá de esta, tan lejos como esta se encuentra de la física. Un epifenómeno es lo que se añade a un fenómeno. Al ser con frecuencia el epifenómeno un accidente, la Patafísica será sobre todo la ciencia de lo particular, por más que se afirme que sólo hay una ciencia de lo general.

La Patafísica estudia las leyes que rigen las excepciones y explica el universo complementario o, menos ambiciosamente, describe el universo que podemos ver y que tal vez debemos ver en lugar del tradicional. Las leyes del universo tradicional que creímos descubrir, al ser también correlaciones de excepción, aunque más frecuentes, en todo caso de hechos accidentales, que se reducen a excepciones poco excepcionales, no tienen siquiera el atractivo de la singularidad.

La idea central de la Patafísica es la consideración de las leyes generales de la física como un conjunto de excepciones no excepcionales, y, en consecuencia, sin ningún interés. En suma, la regla es una excepción a la excepción. Este es el centro de la “dialéctica” patafísica. Y sólo la excepción es lo que hace avanzar a la ciencia. Para ello baste con recordar los principios de Fleming, de Pasteur o de cualquiera de esos ilustres científicos para constatar que todo verdadero descubrimiento acontece por azar. En este punto es imposible no notar las similitudes con lo que 30 años más tarde Popper (2) enunciaría como el Principio de falsación o de refutabilidad.


4.- Deleuze: Jarry como antecedente de Heidegger

Ahora bien, es Deleuze quien ubica a Jarry como un antecedente temprano y fundamental, un precursor desconocido, de Heidegger. La Patafísica (epi meta ta phusika), según señala Deleuze (3), tiene precisa y explícitamente como objeto el gran giro, la superación de la metafísica, la vuelta atrás más allá o más acá, “la ciencia de lo que se sobreañade a la metafísica, sea en sí misma, sea fuera de ella, extendiéndose tanto más lejos de ésta como ésta de la física”. (4) Hasta el punto de que cabe considerar la obra de Heidegger como un desarrollo de la patafísica conforme a los principios de Sófrates el armenio, y de su primer discípulo, Alfred Jarry. Las grandes similitudes, memoriales o historiales, conciernen al ser del fenómeno, la técnica y el tratamiento de la lengua.

En primer lugar, la patafísica como superación de la metafísica es inseparable de una fenomenología, es decir de un nuevo significado y de una nueva comprensión del fenómeno. Se trata de una similitud alucinante entre ambos autores. El fenómeno ya no puede ser definido como una apariencia; pero tampoco se definirá, como en la fenomenología de Husserl, como una aparición. La aparición remite a una conciencia a la que se le aparece, y asimismo puede existir bajo una forma distinta de aquella que hace aparecer. El fenómeno por el contrario es lo que se muestra a sí mismo en sí mismo. (5)

El ‘siendo’ puede incluso parecer una degradación del ser, y la vida, del pensamiento, pero, más aún, se dirá que “el siendo” corta el paso al ser, lo mata y lo destruye, o que la vida mata al pensamiento. La metafísica cabe toda ella en el retraimiento del ser o el olvido, porque confunde el ser con el siendo. La técnica como dominio efectivo del siendo es la heredera de la metafísica: la termina, la realiza. La acción y la vida han matado el pensamiento.

Diríase, en ambos autores, que la técnica es la sede de un combate en el que ya se pierde el ser en el olvido, en el retraimiento, o se produce lo contrario y se muestra y se devela. No basta en efecto con oponer el ser y su olvido, el ser y su retraimiento, puesto que lo que define la pérdida del ser es más bien el olvido del olvido, el retraimiento del retraimiento, mientras que el retraimiento y el olvido constituyen el modo en que se muestra o puede mostrarse. La esencia de la técnica no es técnica, y “encierra la posibilidad de que lo que salva surja en nuestro horizonte”. (6)

http://www.espacioluke.com/2006/Enero2006/images/patafisica3.jpg

En Jarry, cabe precisar, esta apertura de lo posible también tiene necesidad de la ciencia tecnicizada. Y si Heidegger define la técnica por la ascensión de un “fondo” que borra el objeto en beneficio de una posibilidad de ser, Jarry por su cuenta considera la ciencia y la técnica como la revelación de unos trazados que corresponden a las potencialidades o virtualidades de un objeto: la bicicleta, por ejemplo, constituye precisamente un excelente modelo, en tanto que constituido por “vástagos rígidos articulados y volantes impulsados por un rápido movimiento de rotación”. (7) En este sentido la patafísica comporta ya una gran teoría de las máquinas, y supera las virtualidades del siendo hacia la posibilidad de ser.

La ciencia en efecto trata el tiempo como variable independiente: por eso las máquinas son esencialmente máquinas de explorar el tiempo, “tempo-móviles” más que locomóviles. La ciencia bajo ese carácter técnico hace primero posible un vuelco patafísico del tiempo.

http://www.nodo50.org/entropiactiva/acciocultural/imagenes/libros/patafisica.jpg

Jarry tal vez recuerde a su profesor Bergson cuando recupera el tema de la Duración, a la que define primero por una inmovilidad en la sucesión temporal (conservación del pasado), luego como una exploración del futuro o una apertura del porvenir: “La Duración es la transformación de una sucesión en reversión, es decir: el devenir de una memoria.” Se trata de una profunda reconciliación de la Máquina y la Duración. (8)

En ese paso de la ciencia al arte, en esa reversión de la ciencia en arte, Heidegger recupera tal vez un problema familiar de finales del siglo XIX, idea que ya encontramos en Jarry, particularmente en su tesis sobre la anarquía: en el hacer-desaparecer, en la consideración estética del crimen, al modo como es propuesto por De Quincey (9) a quien Jarry admira profundamente.

Adolfo Vásquez Rocca



Notas:

(1) "Gestes et Opinions Du Docteur Faustroll, Pataphysique", acabado en 1898 y publicado 4 años después de la muerte de Alfred Jarry, en 1911.

(2) POPPER, Karl, La lógica de la Investigación Científica, Ed. Tecnos, Madrid, 1982. La tesis central de Karl Popper es el refutacionismo, una postura mediante la cual este pensador busca establecer una demarcación entre lo que es ciencia y lo que no lo es: son científicos aquellos enunciados que pueden ser refutados. Contraponiendo al intento de confirmar las propias teorías el intento de refutarlas, deduce su teoría: que lo que define el carácter científico de una teoría es su contrastabilidad, y lo que define a ésta es la refutabilidad, y que una teoría es científica y significativa sólo si es en principio incompatible con algunos fenómenos observables. La falsabilidad de una hipótesis implica más que un cambio terminológico frente a la verificabilidad inductivista: implica que toda conjetura se mantiene siempre en conjetura, aunque esté corroborada, pues no puede ser necesariamente falsada ni necesariamente corroborada. La fundamentación de la refutabilidad como criterio lleva al desarrollo de una nueva concepción de ciencia y de teoría científica.

(3) DELEUZE, Gilles, Crítica y clínica, Traducido por Thomas Kauf, Editorial Anagrama, Barcelona, 1996, pp. 128-139. Título original: «Critique et clinique», Les Éditions de Minuit, París, 1993

(4) JARRY, Alfred, Faustroll, II, 8, Pléiade II, pág. 668 (Hechos y dichos del Dr. Faustroll. Patafísico, Mandrágora, 1975).

(5) HEIDEGGER, Martin, Ser y Tiempo, FCE, 1993, párrafo 7 («La ontología sólo es posible como fenomenología», pero Heidegger reivindica en mayor medida a los griegos que Husserl).

(6) HEIDEGGER, Martin, Questions IV, «Tiempo y ser», Gallimard: «sin miramiento por la metafísica», ni siquiera «intención de superarla».

(7) «La Pasión considerada como una carrera en cuesta», La chandelle verte, (Pléiade II, págs. 420-422) (La Candela Verde, Felmar, 1977).

(8) La construction “pratique”, que expone el conjunto de la teoría del tiempo de Jarry: se trata de un texto oscuro y muy hermoso, que debe relacionarse tanto con Bergson como con Heidegger.

(9) Thomas De Quincey (Manchester, Reino Unido, 1785-Edimburgo, 1859) Escritor, ensayista y crítico británico. Poseedor de un humor cáustico, importante gracias sobre todo a su corrosiva obra Del asesinato considerado como una de las bellas artes (1829).


Escrito con ocasión del simposio sobre Pataphysica celebrado en la Facultad de Bellas Artes de Madrid en octubre de 2004 (29 de haha de 8479). Simposio que recogió la participación de la Sociedad de Neopataphysica de Madrid, eme=M, arte ácaro (Mad/Gi/Bs. aires), el Otro Ilustre Colegio de Pataphysica (Uburriana y Valencia), Ecrevisse (Zaragoza), Pepitas de Calabaza (La Rioja) y Oscar Dedos Agujereados (Palencia). El Simposio logró reunir afracciones importantes que se relacionan a la pataphysica, colectivos que aún sin aclamar la oficialidad de su dedicación ni su exclusividad no dejan de tener relevancia imaginaria.

miércoles 19 de septiembre de 2007

TEORÍA DE LOS MUNDOS POSIBLES Y FICCIONES NARRATIVAS

TEORÍA DE LOS MUNDOS POSIBLES; ESTÉTICA, NARRACIÓN Y FÍSICA DE LO IMAGINARIO

Septiembre 19th, 2007 by avrocca

No se puede mostrar la imagen “http://farm1.static.flickr.com/45/384874735_1dd390de5c.jpg” porque contiene errores.

Mundos Posibles y Ficciones Narrativas

http://www.salasweb.info/ucm-logo.gif

Adolfo Vásquez Rocca

Doctor en Filosofía

Introducción


Me referiré a las diferentes perspectivas desde las que pueden ser abordadas las relaciones entre Filosofía y Arte en la Postmodernidad, acotando mi exposición a la Literatura, el Cine y la Plástica objetual.


En un artículo de reciente aparición [2] he analizado –en extenso– la naturaleza de la escritura hipertextual, así como los compromisos ontológicos y epistemológicos que ella implica. He mostrado cómo el carácter laberíntico del Hipertexto no es otra cosa que la expresión de un universo fragmentado.

http://graphic.pepperdine.edu/images/ane/2003/dance_cage.jpg

Adolfo Vásquez Rocca

Aquí me ocuparé del tipo de conocimiento que pueden comportar las obras de ficción, si es que –claro está– comportan alguno; sobre el modo en el cual se construyen subjetividad y texto, así como las relaciones entre mundo y lenguaje. Se pretende así dar sucinta cuenta de las diversas retóricas de la postmodernidad, particularmente a través del análisis del Hipertexto [3] y la semántica de mundos posibles, esto es, de las lógicas paraconsistentes asociadas a la ficcionalidad.


Aquí vendrá a cuenta la afirmación del carácter ficcional de la realidad, aspecto central de esta Ponencia, la que según se espera, debiera contribuir a una mejor comprensión de los procesos de hibridación por los que atraviesan las diferentes áreas del saber o ecosistemas discursivos, posibilitando con ello la discusión transdisciplinaria, la transferencia de información y el ejercicio de la ciencia como empresa social, donde los investigadores y el lector crítico se podrán reconocer como pertenecientes a una comunidad de retóricas y de problemas.


Ahora, es necesario clarificar que las indagaciones semióticas y lógicas aquí en curso responden a la constatación de un presente de “estetización generalizada” y de la importancia que ha asumido lo ficcional en los debates epistemológicos postmodernos.


Mostraré cómo la expansión de las categorías estéticas proporciona el único paradigma posible en las nuevas condiciones de nuestro trato con la realidad. Mi opinión es que nuestra concepción –postmoderna– de la realidad, nuestra “filosofía primera” se ha vuelto, en un sentido elemental, estética. Es precisamente este el sentido de la expresión “El giro estético de la Filosofía”.


La razón poética –o la “lógica” del discurso estético– es una razón volcada hacia la revelación interpretativa de su objeto. En la razón poética aparece, lo que podemos denominar, una conciencia hermenéutica. Es esta una razón volcada hacia la capacidad interpretativa de la razón, bajo su propio hacer interpretativo.


Los mundos ingentes del arte poseen una consistencia ontológica propia, constituyen una realidad autónoma, con un telos propio, no ordenada a ser representación alguna de otra realidad, aun cuando pueden interpelarla, parodiarla o negarla, siendo pues el arte un simulacro de resonancias interpretativas, un campo de proyección de la experiencia.


No se puede mostrar la imagen “http://videopool.typepad.com/photos/uncategorized/mikeparr.jpg” porque contiene errores.

Adolfo Vásquez Rocca

1. Lógica Modal Mundos Posibles y Ficciones Narrativas


Muchas de las cuestiones epistemológicas más relevantes, como veremos, sólo pueden ser comprendidas a partir de la naturaleza mediadora y autogenerativa del signo [4]: La profusión hipertextual y la fragmentación, la refutación de las convenciones epistemológicas, la disolución de la subjetividad, la coautoría y la cooperación textual, la duda sobre las interpretaciones profundas y las visiones globales, la crisis de la totalidad histórica y las temporalidades narrativas.


Ahora bien, creo que esto no es todavía suficientemente clarificador, es necesario considerar la narrativa hipertextual desde la experimentación literaria, que construye y deconstruye mundos a partir de nuevos parámetros lógicos, desde lógicas paraconsistentes. Si las incompatibilidades lógicas de una historia son sancionadas en un mismo itinerario de lectura, la narrativa multiforme hipertextual está permitiendo a los nuevos autores la creación de mundos alternativos, mundos posibles e incluso mundos imposibles –“imposibles” para un observador situado en este estado de cosas y, por lo tanto, subordinado a esta moral provinciana que es la lógica del principio de identidad y de no contradicción, propia de las exigencias de todo relato unilineal–. Hoy es posible, como lo hace Raúl Ruiz en su cine, multiplicar las identidades y llevar hasta los límites –y más allá de ellos– el problema de la alteridad, el tema del otro, o del doble –como Ruiz prefiere llamarle–; como el mismo ha señalado, “en mis películas muere mucha gente, pero no importa demasiado, si luego resucitan…”. También se posibilita la proliferación ilimitada en el espacio y en el tiempo de senderos que se bifurcan. Habrá que examinar cómo los escritores del hipertexto son capaces de aprovechar ese nuevo estatuto de lo finito ilimitado, cómo trabajan desde ese código propio del hipertexto, generador de miles de variantes, de múltiples posibilidades. Esto, en el entendido que toda narración es siempre relatar en el tiempo una serie de acontecimientos de los que se puede incidir en su lógica temporal o bien en su ficcionalidad dando lugar así a dos o más modelos de prescripción narrativa que están también en la base de toda creación artística. El tiempo unilineal puede disolverse para generar la divergencia y la alteridad de, ahora sí, otros mundos posibles que paradójicamente se pueden dar a la vez, con desenlaces diferentes de la historia.


También, ahora en el ámbito lógico-ontológico, habrá que explorar los problemas que surgen a partir de lo que en estos nuevos modelos lógicos ha dado en llamarse la identidad transmundana, que no es otro asunto que exigir al principio de identidad el asumir un rol de fiscalizador de fronteras, otorgamiento de pasaportes y visas, y que finalmente se haga cargo de los casos ya sin solución, los de entidades indocumentadas, las que indefectiblemente habrán de ser deportadas a su mundo –donde sí son viables– o, parafraseando a Wittgenstein, repatriados al juego de lenguaje que constituye su lugar natural, donde no serán objeto de ninguna amenaza de extrañamiento. La exploración lógica se convierte, de este modo, en una actividad de caza de espectros, como los dobles o fantasmas que pululan en los filmes de Raúl Ruiz o en las novelas de Juan Rulfo [5].


He aquí un primer excursus para proporcionar los ejemplos exigidos por la tesis aquí desarrollada.


La obra de Rulfo constituye uno de los ejemplos más cristalinos que posee la literatura sobre cómo un proceso de decantación y de construcción esquelética de una trama relacional lleva a acceder a altos niveles de generalidad y de riqueza estética, gracias a una muy diversificada polisemia que permite elevar lo más particular y singular a lo más amplio y plural. La limpieza descarnada de la prosa es uno de los rasgos característicos de la escritura de Rulfo. Rulfo elimina el “yo” –lo que constituye la tacha del autor y la emancipación de los personajes– para entrar así en un campo relacional de reflejos soterrados.

http://www.secc.es/media/fotos/Maestros%20del%20teatro.jpg

Adolfo Vásquez Rocca

La “libertad” de los personajes, la “estructura construida de silencios” y la posterior complexión que efectúa el lector conjugan una extrema limpieza del discurso, con el reconocimiento descarnado de símbolos míticos que gobiernan subterráneamente una compleja red de manifestaciones diversas. La narrativa de Rulfo es una urdimbre de murmullos, silencios y ecos (tanto de la voz como del mismo silencio), con imágenes sintéticas que se modulan y deslizan subrepticiamente en una malla estructural aparentemente ausente. El desnudamiento del lenguaje va acompañado de un regreso al mito, entendido como arquetipo, como concepto “libre”, como construcción polifacética y plurivalente [6].


2. El estatuto ontológico de los mundos posibles


Ahora, volviendo sobre la indagación central, pondré en cuestión el estatuto ontológico, esto es, qué tipo de realidad son los mundos posibles.


El mundo real difiere de los otros mundos posibles en que todos los miembros de su mundo-historia (el juego de todas las proposiciones que son verdad en él) son verdaderos; en contraste, las historias de todos los otros mundos posibles tienen unas proposiciones falsas entre sus miembros.


En el fondo de estas consideraciones formales hay una pregunta elemental, y esta es de carácter ontológico, a saber la creencia en la existencia de entidades que podrían llamarse ‘las cosas como podrían ser’, que algunos lógicos han querido llamar ‘mundos posibles’.

http://russia.helnwein.com/stc/ghpicts/gh2186.jpg

Adolfo Vásquez Rocca

Una posición es afirmar que nuestro mundo real es sólo un mundo entre otros. Nosotros lo llamamos real no sólo porque difiere en calidad de todos los demás, sino porque es el mundo que nosotros habitamos.


Una consecuencia interesante que se sigue de esta posición es que el universo total de posibilidades contendría una infinidad de sub-universos, cada uno organizando sus mundos constitutivos de un sistema de realidad diferente. Si nosotros consideramos el mundo actual como el centro de un sistema modal, y los mundos posibles [actuales] como satélites que giran alrededor de él, entonces el universo global puede estar recentrado alrededor de cualquiera de sus planetas. Desde el punto de vista de un mundo posible, lo que nosotros consideramos como el mundo actual se vuelve una alternativa. Nosotros podemos hacer las conjeturas sobre como serían las cosas si Hitler hubiera ganado la guerra; recíprocamente, los habitantes del mundo en que Hitler ganó la guerra pueden preguntarse lo que habría pasado si los Aliados hubieran triunfado –como de ‘hecho’ lo hicieron.


Desde otra perspectiva, la misma cuestión puede ser planteada así: El problema para entender un enunciado modal como “Reagan podría no haber sido elegido Presidente” de una manera extensional es que se trata de un enunciado contrafáctico. Y se nos pide que contemplemos cómo las cosas podrían haber sido diferentes. Claramente no podemos juzgar la verdad y figurarnos el significado de tales enunciados determinando si Reagan fue elegido presidente. Un modo común de representar lo que tales enunciados están afirmando es invocar la idea de mundo posible. Esta idea, en su contextualización filosófica, retrotrae en última instancia a Leibniz y Aristóteles. A Leibniz quien representaba a Dios como contemplando combinaciones lógicas diferentes de individuos y eligiendo este mundo como el conjunto más bastamente compatible (invitando así a Voltaire a hacer el comentario satírico de que éste es el mejor de los mundos posibles); y a Aristóteles quien inaugura este tipo de investigaciones a través del cuestionamiento del estatuto ontológico de los así llamados futuros contingentes.


La noción de mundo posible se usa en la lógica modal para invitarnos a pensar en universos alternativos que se definen en términos de cambios específicos a partir de este universo.

http://research.uvsc.edu/abbott/blog/uploaded_images/P7210003-730956.JPG

Adolfo Vásquez Rocca

Consideremos entonces, bajo esas situaciones, cómo las otras cosas serían diferentes. Así podríamos considerar el mundo en el que Hitler hubiese sido un aborto en lugar de haber nacido y a continuación rellenar el resto del escenario para ese mundo. Si invocamos esta ficción de los mundos posibles, entonces estamos en posición de decir lo que hace que un enunciado modal sea verdadero o falso. Una afirmación de que un objeto necesariamente tiene una propiedad es verdadera justamente en el caso en que tiene en todos los mundos posibles en que es viable.


Ahora bien, si consideramos los otros mundos posibles como si los mirásemos desde un mundo privilegiado, dotado de individuos y propiedades ya dados, la llamada identidad a través de los mundos (transworld identity) se convierte en la posibilidad de concebir o de creer en otros mundos desde el punto de vista del nuestro. Refutar este enfoque no significa negar que, de hecho, solo tengamos experiencia directa de un estado de cosas, a saber, de éste en que existimos. Sólo significa que, si queremos hablar de estados de cosas alternativos (o mundos culturales), necesitamos disponer del coraje epistemológico para reducir el mundo de referencia a la misma medida de tales estados de cosas. En ese sentido, podemos teorizar acerca de los mundos posibles (narrativos o no narrativos). En cambio, si nos limitamos a vivir, entonces vivimos en nuestro mundo al margen de cualquier tipo de duda metafísica. Pero aquí no se trata de “vivir”: yo vivo (digo: yo que escribo tengo la intuición de estar vivo en el único mundo que conozco). Pero desde el momento en que teorizo acerca de los mundos posibles narrativos decido realizar (a partir del mundo que experimento directamente) una reducción de este mundo que lo asimila a una construcción semiótica y me permite compararlo con los mundos narrativos. De la misma manera en que bebo agua (traslúcida, dulce, fresca, contaminada, caliente, gaseada o comoquiera que sea), pero si además quiero comprarla con otros compuestos químicos tengo que reducirla a una fórmula que exprese su estructura.


3.


La singularidad del mundo actual, así como la sinonimia de la condición actual y real, se restaura al no considerar los mundos posibles exactamente como entidades existentes, sino como ‘estructuras mentales’.


Si los mundos posibles son estructuras mentales, nosotros podemos clasificarlos según el proceso mental a que ellos deben su existencia. En la tradición performativa se puede hablar –aludiendo a esta clasificación– de “predicados que crean mundos”: los verbos como soñar, pensar, creer, considerar, fantasear, suponer.


En todo trabajo de ficción se da por supuesto que aquello que es el caso, esto es, el reino de lo que existe con las posibilidades de ocurrencia, es recentrado en torno a las estipulaciones que el narrador presenta como el mundo real. Este recentrar empuja al lector adentro de un nuevo sistema de realidad y posibilidad. Como un viajero a este sistema, el lector de ficción descubre no sólo un nuevo mundo real, sino también una variedad de ‘mundos posibles’ que giran alrededor de él. Así como nosotros manipulamos los mundos posibles a través de los funcionamientos mentales, así hacen los habitantes de los universos de ficción: su mundo real se refleja en su conocimiento y creencias, corregidas en sus deseos, reemplazados por una nueva realidad en sus sueños y alucinaciones. A través del pensamiento contra-factual reflejan cómo las cosas podrían haber sido; a través de los planes y proyecciones contemplan cosas que todavía tienen una oportunidad de ser; y a través del acto de constituir las historias de ficción recentran su universo en lo que es para ellos un segundo-orden de realidad, y para nosotros un sistema del tercer-orden.


Para entender esta organización de substancia semántica (de ficción o no) en un mundo real rodeado por los satélites de ‘mundos posibles’, algunos autores [7] proponen el término “universo textual” para referirse a lo que se conjura por el texto. Lo que se ha llamado “mundo de ficción” puede parafrasearse ahora como el mundo real del universo textual proyectado por el texto de ficción.

No se puede mostrar la imagen “http://farm1.static.flickr.com/45/384874735_1dd390de5c.jpg” porque contiene errores.

Ahora bien, la teoría de mundos posibles es un modelo formal desarrollado por la lógica con el propósito de definir la semántica de operadores modales, principalmente los de necesidad y posibilidad, aunque se han sugerido otros operadores. La teoría tiene dos conceptos que proponer a la semiótica de texto: la metáfora de “mundo” para describir el dominio semántico proyectado por el texto; y el concepto de modalidad para describir y clasificar las varias maneras de existir de los objetos, estados, y eventos que constituyen el dominio semántico.


Hay dos posibles respuestas al problema de la ficcionalidad: el ser de ficción es un modo de ser, un estado ontológico específico para ciertas entidades; o un modo de hablar, un intento constitutivo de un tipo de acto comunicativo. Una definición de ficción basada en la primera posibilidad genera lo que podría llamarse una teoría referencial, mientras una definición basada en la segunda nos lleva a una teoría de la intención, involucrando un acercamiento fenomenológico e ilocutivo.


A modo de esbozo de una teoría literaria podemos caracterizar la naturaleza del relato de ficción como un mundo –posible – ceñido a las normas constitutivas de la lógica modal. Este modelo ofrecerá las respuestas a problemas como la relación entre el mundo real y el dominio semántico del texto de ficción, o la posibilidad de hacer declaraciones sobre la función de la verdad acerca de los universos de la ficción.


Pues bien, en el discurso narrativo ficcional, los actos de ficción son enunciados de ficción narrativa considerados como actos de habla. Desde este punto de vista, en el discurso narrativo ficcional habría, al igual que en el discurso narrativo factual, tres tipos de actos de ficción: primero, los discursos pronunciados por personajes ficticios, cuya ficcionalidad postula el marco de la representación escénica (real o imaginaria) y cuyo estatuto pragmático en la diégesis es similar al de cualquier acto de habla común. Segundo, actos de habla de los personajes de ficción, cuyas características son similares a las del acto de habla de personas reales. Por supuesto, los personajes dicen dichos (carácter locutivo), acompañan su decir con otros actos (fuerza ilocutiva) y sus dichos influyen en los otros personajes (efectos perlocutivos). En tercer lugar, el discurso narrativo del autor o conjunto de actos de habla constitutivos del contexto ficcional.


Así, es notorio que, para Genette, los enunciados de ficción son aserciones fingidas porque son actos de habla simulados en la ficción. Los personajes de ficción son creados por el novelista que finge referirse a una persona; es decir, las obras de ficción son creadas por el novelista que finge hacer aserciones sobre seres ficcionales. Ellos, los enunciados de ficción, como los enunciados factuales, y contra lo que pudiera pensarse, pueden transmitir mensajes, al modo de una fábula o una moraleja o, más aún, constituirse en material para un nuevo tipo de investigación filosófica, cobrando una particular relevancia para la epistemología.


4. Los mundos del texto


Los textos contienen universos semánticos que pueden ser descritos como mundos. Los mundos del texto pueden hacer referencia al mundo real, en los textos que parten y retornan al mundo real, o pueden producir mundos posibles, contrafácticos, alternativos. Es el caso de los textos de ficción, que están especializados en la construcción de mundos comunicables, pero no habitables. Los mundos posibles del texto son construcciones culturales, mundos de papel, cuyo espesor real es puramente semiótico. Como producciones de la imaginación humana no son desdeñables, pues al distanciarse de las limitaciones del mundo real, nos permiten contemplar nuestros anhelos, sueños o posibilidades. Por otra parte, al retornar desde ellos al mundo cotidiano, contribuyen a iluminarlo, a percibirlo desde una óptica diferente. También hay que pensar las relaciones entre el mundo construido o reconstruido por el texto y el mundo social o natural. Los mundos construidos por la cultura, amueblados culturalmente por las artes y las ciencias, son mundos intermedios entre los mundos fácticos y contrafácticos. El estatuto de realidad de este mundo tres corresponde al espesor de la noosfera, cuya entidad real ha sido concebida de distintas formas. Para algunos es el mundo habitado por los seres humanos, a partir del cual se asoman a los mundos reales o imaginarios. El mundo tres es también un mundo textual. En realidad la actividad esencialmente humana es la construcción de mundos y a ella se aplican las construcciones culturales, científicas, mitológicas, entre otras. El placer del texto artístico (y el de todas las artes según sus modos de producción significante) nos libera de nuestras limitaciones de seres materiales y biológicos y nos permite pensarnos como seres que encuentran en los sentimientos y en las ideas, en un nuevo estado de ser, ajeno casi al sustrato biológico sobre el que vivimos.


Por un lado, un mundo posible es un ‘estado completo de asuntos,’ por el otro, un ‘curso de eventos,’ conformado por una sucesión de estados completos. Además de estos estados distintos, el dominio semántico del texto narrativo contiene varios submundos, creados por la actividad mental de los caracteres. El dominio semántico del texto es así una colección de mundos posibles ensamblados –entramados – unos con otros, en una especie de empotramiento recursivo.


5. El recentrar de la ficción


Los discursos literarios son ficciones que refieren a mundos verbalmente posibles y fundamentados en sí mismos. Estos discursos son intransitivos puesto que se encierran en sí mismos o, lo que es igual, no refieren ni a los objetos ni a los eventos del mundo real. Sin embargo, por otra parte, una vez que los personajes y los eventos han sido identificados –o si se quiere estipulados–, el lector puede enfocar su atención en los móviles de los personajes ¿Quién hace qué y por qué? Comprender estos móviles permite identificar los valores ideológicos que entran en conflicto en los eventos; y en la naturaleza problematizadora del texto.

No se puede mostrar la imagen “http://www.pinkart.com.hk/pureart/artimage/artist/andy-warhol.jpg” porque contiene errores.


De modo que aun escenarios ficticios pueden ser iluminadores para explorar áreas o facetas no conocidas o imposibles de observar, si no se cuenta con un escenario posible que funcione como un laboratorio sobre el cual proyectar la ficción.


Lo que me pregunto, dicho sumariamente, es si es posible obtener algún tipo de conocimiento especial sobre el así denominado mundo real operando a través del análisis de ficciones, esto es de los mundos posibles como campo de proyección de la experiencia.


Basta con ficciones muy breves, pero que tengan su eje en su apertura relacional o inclusiva, esto es, en su modo de estar integradas a una trama narrativa apenas bosquejada, dando con ello lugar a imágenes que, como en el cine de Ruiz, logran crear un efecto inquietante, enigmático y poético a la vez, como un haiku. [8]


La realidad es sólo un eje de referencia para evaluar los mundos ficticios de un relato. La realidad es, según Rorty [9], una narrativa exitosa. Al enlistar los objetos mencionados en cada narrativa o mundo estipulado con las consiguientes leyes que rigen los cambios que los afectan, podemos pues, proyectivamente, enumerar los objetos de nuestra realidad y las leyes que los rigen. Y así, la única manera que tenemos de comprender un mundo ficticio es comparándolo con la descripción del mundo real. De hecho no hay acuerdo sobre lo que la realidad es (así que podríamos decir que vivimos una ficción que nos permite vivir en alguna realidad…). Por eso, solemos recurrir a la noción de realidad más extendida, la racionalista y empirista de la ciencia, la mercantil del capitalismo moderno, y la burguesa de los hábitos mentales de los usuarios normales de la literatura. Nótese, claro esta, que esto no quiere decir que toda la literatura esté intrínsecamente de acuerdo con estos modos de concebir el mundo. Hay también una buena cantidad de escritores que, con diversas suertes, han usado la comodidad de la cosmovisión tradicional para atacarla. En este último grupo podemos situar a la literatura fantástica. Paradójicamente, la industria cultural se apropia del arte que la ataca, y así, la rebelión, el cuestionamiento literario, se aburguesa y se torna mercancía para aquellos a los que precisamente critica.


6. El valor cognoscitivo de la ficción


La relación interna entre filosofía y literatura permite examinar de cerca qué significan la pluralidad y complejidad en los usos de la razón. Y permite aproximarse a esos usos y figuras desde un ángulo privilegiado. Pues el interés por lo literario no tendría por qué significar un apresurado abandono del modelo de discurso racional –que es característico de la filosofía –, sino el acceso a un punto de vista más completo: un nuevo motivo reflexivo, otro límite crítico, mayor complejidad también. Digamos que esa perspectiva facilita la puesta al día de las tesis modernas sobre la filosofía como emancipación, como salida de una minoría de edad.


Espacios de reflexión, métodos y perspectivas constituyen los distintos niveles, a través de los cuales se trata de definir un nexo complejo entre discursos. La ficción como conocimiento, subjetividad y texto, así como la relación entre mundo y lenguaje pretenden acotar algunas dimensiones de esa relación.


A través de la literatura llegamos a estar familiarizados con situaciones, sentimientos, formas de vida, obteniendo así una mirada desde dentro –epistemológicamente empatica–. Cada nueva visión del mundo constituye un nuevo tipo de conocimiento, un conocimiento que puede incluir aspectos cognitivos y emotivos y que demandará, probablemente, algún tipo de lógica paraconsistente. En este sentido en la manera en que –como pioneros- creamos o descubrimos mundos (dependiendo del estatuto ontológico otorgado a la ficción) también establecemos o desentrañamos la legislación lógica, según la cual tal curso de sucesos o tal tipo de entidades son o no admisibles al interior de este particular mundo posible.


Hasta los mundos narrativos más imposibles tienen como fondo lo que es posible en el mundo que concebimos como real. Las entidades y situaciones que no son explícitamente nombradas y descritas como diferentes del mundo real son entendidas a partir de las leyes que aplicamos a la comprensión del mundo real.


Así pues, la narración de ficción construye un modelo análogo del universo real, lo que permite, como en todos los modelos, conocer la estructura y los procesos internos de la realidad y manipularla cognitivamente. Otorgando así un valor cognoscitivo a la ficción, de modo tal que todas las posibles connotaciones, no expresadas directamente por el texto, sino –más bien – mostradas implícitamente o implicadas contextualmente en lo dicho por el mismo– iluminan aspectos de la realidad que sin estas extrapolaciones ficcionales permanecería en penumbras.


La perspectiva crítica –propia de la filosofía– puede hallarse así implícita en escritos de ficción, de la misma manera que las teorías filosóficas pueden aceptar como suyos a los argumentos procedentes del discurso literario. La reflexión filosófica se articula pues desde distintos ámbitos y modalidades discursivas.


La verdad se entreteje en la ficción a través de la actividad mimética, en tanto la fábula da forma a componentes que son inmanentes al texto pero lo trascienden, como figuras de nuestras prácticas de vida, que a su vez la lectura, vuelve a trascender y transformar en el texto mismo y en el sí mismo del lector, que no suele ser inmune a este juego de verdades que circula libre y reguladamente en los viajes de la trama.


Los conceptos de la lógica modal son pues aplicables la dinámica de los procesos de lectura, asimilando los mundos posibles a las inferencias y proyecciones construidas por los lectores cuando se mueven a través del texto. Estos mundos posibles pueden actualizarse, o pueden permanecer en un estado virtual, dependiendo de si el texto verifica, refuta, o deja indecisa la racionalización del lector hacia los eventos narrativos.


En todo trabajo de ficción se da por supuesto que aquello que es el caso, esto es, el reino de lo que existe con las posibilidades de ocurrencia, es recentrado en torno a las estipulaciones que el narrador presenta como el mundo real. Este recentrar empuja al lector adentro de un nuevo sistema de realidad y posibilidad. Como un viajero a este sistema, el lector de ficción descubre no sólo un nuevo mundo real, sino también una variedad de ‘mundos posibles’ que giran alrededor de él. Así como nosotros manipulamos los mundos posibles a través de los funcionamientos mentales, así hacen los habitantes de los universos de ficción: su mundo real se refleja en su conocimiento y creencias, corregidas en sus deseos, reemplazados por una nueva realidad en sus sueños y alucinaciones. A través del pensamiento contra-factual reflejan cómo las cosas podrían haber sido; a través de los planes y proyecciones contemplan cosas que todavía tienen una oportunidad de ser; y a través del acto de constituir las historias de ficción recentran su universo en lo que es para ellos un segundo-orden de realidad, y para nosotros un sistema del tercer-orden.


Para entender esta organización de substancia semántica (de ficción o no) en un mundo real rodeado por los satélites de ‘mundos posibles’, algunos autores [10] proponen el término de “universo textual” para referirse a lo que se conjura por el texto. Lo que se ha llamado “mundo de ficción” puede parafrasearse ahora como el mundo real del universo textual proyectado por el texto de ficción.


Tampoco debe resultar extraño que se acuda a la literatura o a la ficción – allí se acota un problema y se llena el vacío de las reflexiones descontextualizadas. Se busca que la descripción ya no de formulaciones abstractas y vacías, sino de experiencias humanas concretas, –como el dolor o la traición– al ser compartidas genere la necesaria empatía desde la cual se geste la solidaridad y la compasión.


Rorty [11], por ejemplo, critica el enorme grado de abstracción que el cristianismo ha trasladado al universalismo ético secular. Para kant, no debemos sentirnos obligados hacia alguien porque es milanés o norteamericano, sino porque es un ser racional. Rorty critica esta actitud universalista tanto en su versión secular como en su versión religiosa. Para Rorty existe un progreso moral, y ese progreso se orienta en realidad en dirección de una mayor solidaridad humana.


Para la solidaridad humana no consiste en el reconocimiento de un yo nuclear -la esencia humana - en todos los seres humanos. Se la concibe como la capacidad de percibir cada vez con mayor claridad que las diferencias tradicionales (de tribu, de raza, de costumbres) carecen de importancia cuando se las compara con las similitudes referentes al dolor y la humillación.


De aquí que las principales contribuciones del intelectual moderno al progreso moral son las descripciones detalladas de variedades de dolor y humillación (contenidos en novelas e informes etnográficos), más que los tratados filosóficos y religiosos. Piénsese, por ejemplo, en 1984 la novela de Orwell, de la que Rorty realiza un prolijo análisis [12].


La concepción que presenta Rorty sustenta que existe un progreso moral, y que ese progreso se orienta en realidad en dirección de una mayor solidaridad humana.


Rorty piensa que para ese progreso moral es más útil pensar desde una moral etnocéntrica, pragmática y sentimental, que no desde una moral universalista, abstracta y racionalista, como la de kant.

No se puede mostrar la imagen “http://www.artissima.it/images/Image_articoli/art13%20feel%20contemporary.jpg” porque contiene errores.

En definitiva, más educación sentimental y menos abstracción Moral y teorías de la naturaleza humana. Educación sentimental y moral a través del desarrollo de la sensibilidad artística. Debemos prescribir novelas o filmes que promuevan la ampliación del campo de experiencias del lector, más aun cuando el lector es un político, un economista, un trabajador social, un empresario o un dictador, o, más aun cuando este se trate de un niño que tenga, como tal, la posibilidad de convertirse en cualquiera de estos tipos humanos reconocibles.


Si Hitler, por ejemplo, no hubiese sido rechazado en la Escuela de Bellas Artes cuando alrededor de los 17 años postulo a lo que era su única vocación, la pintura, sus actividades creativas no habrían sido sustituidas por el dibujo del horror, de los campos de concentración con su violencia voraz.


7. La experiencia estética como simulación gnoseológica. Matemática ficticia y física de lo imaginario


Continuando con el análisis de las relaciones entre ficción y conocimiento es imposible omitir la experimentación plástica llevada a cabo por Duchamp a través de sus ready made, en particular por la fabricación de sus “Tres zurcidos-patrón”, un conjunto de tres hilos de menos de un metro fijados sobre bandas de tela pegadas sobre vidrio, y acompañadas de sus tres reglas para trazar. “Los 3 zurcidos-patrón” –observa Duchamp [13]– “son el metro disminuido”. El conjunto se inscribe en el “género” de una matemática ficticia, de una física de lo imaginario, que sin embargo reclama los mismos títulos de rigor y exigencia que sirven de fundamento a la matemática occidental. Por ello, y lo mismo que el patrón de medida “universal” de metro, los Tres zurcidos-patrón de Duchamp se guardan en un estuche especial, destinado a evitar su dilatación o contracción por efectos de la temperatura –o cualquier otra posible perturbación ocasionada por factores externos.


Ahora bien, lo decididamente subversivo en la actitud de Duchamp se cifra, ante todo, en el proceso mediante el cual se establecen esas unidades imaginarias de medida –“zurcidos”, de un universo roto…–, dependiente enteramente del azar. En el primer conjunto de escritos en que fija los fundamentos conceptúales de sus experiencias plásticas, en la Caja de 1914, Duchamp formula el principio que inspira la génesis de los Tres zurcidos-patrón a partir de una pregunta abierta en tiempo condicional: “si un hilo recto horizontal de un metro de longitud cae desde un metro de altura sobre un plano horizontal deformándose a su aire y da una nueva figura de la unidad de longitud…” La realización de la experiencia, que para Duchamp entraña “la idea de la fabricación”, da como resultado el establecimiento de esas tres unidades enteramente occidentales de medida. Se adoptan el rigor y la precisión máximas, característicos del pensamiento matemático, pero conjugados con la voluntad indeterminada del azar. Es como un juego: el máximo rigor, la “regla del juego”, sobre un fundamento convencional y gratuito, y de cuya conjugación extraemos conocimiento y placer. Con este simulacro Duchamp modela una contrafigura irónica de la solemnidad y pretensión de absoluto de la ciencia occidental. Lo provocativo de este “gesto” estético tiene sus raíces en lo que supone de impugnación del supuesto valor universal y absoluto del pensamiento occidental. Como los zurcidos-patrón, nuestra ciencia es el resultado de un proceso de fabricación intelectual, y la validez de sus reglas una consecuencia de la aceptación de determinados presupuestos y convenciones, esto es, de peticiones de principio, asentimientos que hacemos sobre la base de la buena fe o simplemente, de las ganas.


La impugnación irónica de la reducción positivista del conocimiento a mera razón instrumental, sirve ahora como trasfondo de la fundamentación del alcance intelectual del arte o de lo que he llamado razón estética.


La obra de Duchamp nos muestra, en definitiva, tanto en una vertiente plástica como conceptual, las infinitas posibilidades de “lectura de lo real”. En Duchamp encontramos el centro de gravedad de una concepción de las operaciones mentales y artísticas abierta a una lectura de lo real como diverso y plural, a una consideración flexible y distendida de la normatividad del mundo.


Nos encontramos así ante una operación de desmantelamiento epistemológico. El dispositivo opera sobre el pretendido rigor y objetividad de las ciencias duras. Sin duda una audaz maniobra subversiva, tan propia de las vanguardias de los años 20, las que superan con mucho –en su carácter corrosivo– a sus pálidos remedos postmodernos.


La trans-vanguardia ya no es básicamente ruptura. Es academia y museo, se ha convertido en nuestra “tradición”: en la tradición artística de la contemporaneidad. Desde los medios de comunicación de masas y las instituciones de cultura, públicas o privadas, el horizonte estético de la vanguardia se transmite ya como clasicismo de la contemporaneidad [14].


8. Observaciones hermenéuticas sobre los mundos posibles


Vivimos en un momento no sólo sospechoso sino también generador de otras tantas incertidumbres, como las que recaen sobre los procesos significativos. El escepticismo postmoderno, descree radicalmente ya no –como es obvio– de la verdad, sino de la posibilidad de interpretaciones validas o más bien validadas de acuerdo a un criterio externo o distinto a la ficcionalización de los relatos.


La representación virtual acentúa este clima de interpretaciones sospechosas o de sospechas sobre las interpretaciones mismas, lo que –paradojalmente– de todos modos son formas de sobreinterpretación o interpretación paranoica.


La realidad virtual genera estas lecturas –que más bien pueden llegar a parecerse a emplazamientos militares– en tanto se está como en el cartesianismo, en una actitud táctica, esto es, instalada en la precaución, más preocupada de no errar que de dar con una verdad. El escenario que promueve tales recaudos es el de una cultura constituida por todo tipo de procesos de hibridación así como por una intelectualidad nómade, por múltiples articulaciones discursivas surgidas desde los desplazamientos hipertextuales que ya se han tornado invisibles, precisamente por su cotidianidad. Desde el zapping a la navegación por la red, navegación donde acontece todo tipo de naufragios, siendo responsabilidad de la filosofía –dado el equipamiento del que dispone– conformar un equipo de socorristas. Si no es posible interpretar o, lo que es lo mismo, puede interpretarse al infinito y desde el ángulo que a uno le plazca.


Las sospechas a este respecto son razonables, si se tiene en cuenta que la cultura actúa como una cadena de textos que por una parte se instruyen mutuamente y, por otra, están en desplazamiento constante. Lo anterior no debiera conducirnos a esperar que el intelectual posea un conjunto de competencias enciclopédicas, así como habilidades de avezado navegante de estos mares tormentosos –llenos de afluentes– sino, más bien, una clara conciencia de la insalvable inserción contextual de todo significado, sea éste el de una obra de arte o de una teoría física, y el consiguiente concurso simultaneo de una red de “interpretantes”. Sin embargo, he aquí mi preocupación, no hay que inferir de la infinitud de semiosis que no existan criterios para una lectura correcta, esto es que se haya clausurado la posibilidad de toda hermenéutica. O es que las interpretaciones se consolidan a partir de los códigos preexistentes. Estos criterios, desde luego, se debaten en el terreno ideológico pues, llegado el momento de establecer el sentido que será reconocido o validado, necesitamos apelar forzosamente a la calidad y rigor del detentor de la interpretación más autorizada, así como, posteriormente a la economía y belleza de la explicación.


Ya finalizando, fundamentaré el valor cognoscitivo de la ficción, a través de la puesta en escena de una sobreinterpretación, interpretación sospechosa o paranoica, que no es algo muy distinto de lo que realizan ciertos historiadores y críticos culturales para aproximarse a sucesos históricos, indagando –no sólo– en los hechos documentados, sino en el modo en que ciertos personajes se instalan en el inconsciente colectivo de una sociedad, generando todo tipo de interpretaciones paranoicas –más aun si estas imágenes, constituidas en arquetipos al modo de Jung, , vehículos iconográficos de un método obsesivo de interpretación.


9. Interpretación y sobre-interpretación. Lecturas paranoicas o métodos obsesivos de interpretación


El fenómeno de la sobre-interpretación es propiciado por nuestra tendencia natural a pensar en términos de identidad y semejanza. Actuamos así porque cada uno ha introyectado un principio incontrovertible, a saber que, desde cierto punto de vista, cualquier cosa tiene relaciones de analogía, contigüidad y semejanza con todo lo demás. Pero la diferencia entre la interpretación sana y la interpretación paranoica radica en reconocer que esta relación es mínima y no, al revés, deducir de este mínimo lo máximo posible. Para leer el mundo y los textos sospechosamente, es necesario haber elaborado algún tipo de método obsesivo. La sobreestimación de la importancia de los indicios nace con frecuencia de una propensión a considerar como significativos los elementos más inmediatamente aparentes, cuando el hecho mismo de que son aparentes nos permitiría reconocer que son explicables en términos mucho más económicos.


Los textos deben ser leídos –de acuerdo a esta perspectiva– a la luz de otros textos, personas, obsesiones y retazos de información. “Sólo se puede cotejar una frase con otras frases, frases con las que está conectada mediante diversas relaciones inferenciales y laberínticas” [15].


La cultura actuaría entonces como una cadena (red) de textos que instruyen a otros textos. Confirmando la antigua sospecha de los cabalistas, ante la vertiginosa deriva, ante el desplazamiento permanente, ante la sobre-interpretación. En cuanto un texto se convierte en “sagrado” para cierta cultura, se vuelve objeto de un proceso de lectura sospechosa y, por lo tanto, de lo que es sin duda un exceso de interpretación. [16]


Así también acontece con La Biblia, el nuevo canon del cristianismo, y la hermenéutica del judaísmo, con una manifiesta predilección por el género del comentario. Cada comentario de las Sagradas Escrituras genera otro comentario, en un exhaustivo proceso de exfoliación. “El arcano ingenio, la delicadeza de la prueba, el refinamiento de los comentarios talmúdicos, midrásicos y minsnaicos, el fino hilar de la inventiva en las lecturas de los maestros de la textualidad ortodoxos y cabalísticos, sólo son verdaderamente accesibles para los que han tenido por escuela el laberinto y la cámara de resonancia del legado rabínico” .[17] La fuerza de este legado ha persistido adoptando formas paródicas o bastardas en derivados judaicos tan actuales caso de Kafka, quien en tanto heredero directo –por su condición de judío y escritor de obras laberínticas como El proceso, de esa epistemología del comentario, del “análisis interminable” (según la frase de Freud). Sus cuentos y siempre incompletas novelas son comentarios en acción, en un sentido tanto material como difusamente talmúdico.


Aquí, me permito un último segundo excursus. En la mayoría de los ejemplos habidos en literatura moderna y contemporánea, la interpretación supone una hipócrita negativa a dejar que la obra de arte hable desde y por sí misma. Al reducir la obra de Arte a su contenido para luego interpretar aquello, falseamos o, si se quiere, domesticamos la obra de arte. La interpretación hace manejable y maleable el arte.


Este filisteísmo de la interpretación es más frecuente en la literatura que en cualquier otro arte. La obra de Kafka, por ejemplo, ha estado sujeta a secuestros en serie por no menos de tres ejércitos de intérpretes. Quienes leen a Kafka como alegoría social ven en él ejemplos cínicos de las frustraciones y la insensatez de la burocracia moderna, y su expresión definitiva en el estado totalitario. Quienes leen a Kafka como alegoría psicoanalítica ven en él desesperadas revelaciones del temor de Kafka a su padre, sus angustias de castración, su sensación de impotencia, su dependencia de los sueños. Quienes leen a Kafka como alegoría religiosa explican que K. intenta, en El castillo, ganarse el acceso al cielo; que Joseph K., en El proceso, es juzgado por la inexorable y misteriosa justicia de Dios…Otra obra que ha atraído a los intérpretes es la de Samuel Beckett. Los delicados dramas de la conciencia encerrada en sí misma de la Obra de Beckett –reducidos a un minimalismo sin concesiones, inmovilizados físicamente– son leídos como una declaración sobre la alienación del hombre moderno, un testimonio más del nihilismo y las psicopatologías de la modernidad tardía.

En el contexto de esta escritura laberíntica en la que corremos el riesgo del extravío del autor subsumido por el texto o por los constantes y expansivos comentarios, estamos ante la idea del texto como tejido en perpetuo urdimiento, como un tejido que se hace, se traba a sí mismo y deshace al sujeto en su textura: una araña tal que se disolvería ella misma en las secreciones constructivas de su tela. En un sentido similar en la obra de William Burroughs el sujeto se encuentra manipulado y transformado por los procesos de contagio. El lenguaje es un virus que se reproduce con gran facilidad y condiciona cualquier actividad humana, dando cuenta de su intoxicada naturaleza. Los textos de Burroughs proliferan sin principio ni fin como una plaga, se reproducen y alargan en sentidos imprevisibles, son el producto de una hibridación de muy diversos registros que no tienen nada que ver con una evolución literaria tradicional, sus diferentes elementos ignoran la progresión de la narración y aparecen a la deriva desestructurando las novelas de su marco temporal, de su coexistencia espacial, de su significado, y posibilitando que sea el lector quien acabe por estructurarlas según sus propios deseos.

No se puede mostrar la imagen “http://www.pinkart.com.hk/pureart/artimage/artist/andy-warhol.jpg” porque contiene errores.

Adolfo Vásquez Rocca

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

NOTAS:


[1] Doctor en Filosofía, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Postgrado Departamento de Filosofía IV Teoría del Conocimiento e Historia del Pensamiento; Área adscrita: Estética.


[2] Philosophica, Instituto de Filosofía, P. UCV., 27, 2004.


[3] A partir del análisis de los problemas epistemológicos y estéticos que plantea el diseño de lo que se ha dado en llamar Hipertexto me aproximaré a las nuevas retóricas con que la postmodernidad crea y deconstruye sus objetos e instituciones. Aquí atenderé al proceso de descentramiento o dislocación que se produce al moverse por una red de textos, desplazando constantemente el centro, es decir con un centro de atención provisional, un conjunto de cuerpos de textos conectados, aunque sin eje primario de organización. Estas nuevas articulaciones discursivas, propias de la digitalización de la escritura -que se pueden recorrer en diversas direcciones- no sólo sucesivas sino simultáneas, no admiten una sola categorización, sino las más variadas: antinovela, antipoesía, escritura automática, parodia literaria, reflexión filosófica, meditación esotérica, interpretación talmúdica. Cuestionando así las nociones tradicionales de narrativa, univocidad y linealidad vigentes desde los tipos móviles de Gutenberg.

Las declaraciones de los teóricos en literatura hipertextual han ido convergiendo en importantes cambios que están afectando la episteme contemporánea. Un cambio de paradigma que ya aparece en los escritos de Jaques Derrida y de Roland Barthes. Los teóricos culturales y especialistas en hipertexto postulan que deben abandonarse los actuales sistemas conceptuales basados en nociones como centro, margen, jerarquía y linealidad y sustituirlos por otras de multilinealidad, nodos, nexos y redes.

Casi todos los participantes en este cambio de paradigma, que marca una revolución en el pensamiento, consideran la escritura electrónica como una reacción directa a las desventajas e inconvenientes del libro impreso. Esta reacción tendrá profundas repercusiones en la literatura la enseñanza y la política.


[4] ESTÉ, Aquiles, Cultura Replicante; el orden semiocentrista, Ed. Gedisa, Barcelona, 1997, p. 20.


[5] RULFO, Juan, Pedro Páramo, México, Ed. Plaza y Janés, 2000.


[6] El empaste de los contrapunteos de Rulfo, de sus murmullos y ecos, de sus imágenes y reflejos, de sus ubicuas temporalidades, puede realizarse con un efecto poético particularmente sugestivo en la estructura “libre” (”límite”) de su narrativa. A su vez, la libertad semántica de la obra es la que sostiene su enorme rango polisémico y asegura finalmente su universalidad.


[7] RYAN, Marie-Laure, Los Mundos Posibles, Inteligencia Artificial y Teoría de la Narrativa, Editorial Anagrama, Madrid, 1991.


[8] El Haiku es una de las formas más bellas de la literatura japonesa. Se trata de un poema corto de diecisiete sílabas, distribuidas en tres versos. Alcanzó su forma actual a finales del siglo XV y debe su nombre al poeta Shiki (1867-1902). Su relato es descriptivo. Como flash que ilumina un instante, casi siempre un paisaje. El protagonismo se dirige hacia la naturaleza, contemplada en las diferentes estaciones del año. Estos pensamientos se encadenan con percepciones de muy diversa índole: nostalgia, humor e incluso religiosos, procedentes estos de la sabiduría –o lógica oriental– propia del pensamiento coordinativo Zen.


[9] RORTY, Richard, El giro lingüístico, Paidós, Buenos Aires, 1990.


[10] RYAN, Marie-Laure. Op. Cit.


[11] RORTY, Richard, Ironía, Contingencia y Solidaridad, Ed.


[12] Ibid.


[13] DUCHAMP, Marcel, Duchamp du Signe. Écrits, éditès par M. Sanouillet, avec la collab. D’Elmer Peterson; Flammarion, París. Tr. Cast. de J. Elias y C. Hesse, rev. bibl. Por J.Rmanguera; Gustavo Pili, Barcelona, 1978.


[14] JIMENEZ, José, La vida como azar; complejidad de lo moderno, Ed. Mondadori, Madrid, 1989, p.139.


[15] RORTY, Richard, “El Progreso del Pragmatista”, en Interpretación y Sobreinterpretación, Umberto Eco, ED. Cambridge University Press, Madrid, 1997, Cáp.IV.


[16] ECO, Humberto, Interpretación y Sobreinterpretación, ED. Cambridge University Press, Madrid, 1997, p.59.


[17] STEINER, George, Pasión intacta; Ensayos 1978-1995, Ed. Siruela, 1988, Barcelona, p. 291.

_________________________________________

© Adolfo Vásquez Rocca

martes 18 de septiembre de 2007

RAÚL RUIZ LA RECTA PROVINCIA

RAÚL RUIZ LA RECTA PROVINCIA; CONVERSACIONES CON UN GENIO MODERNO.

http://moviesonline.ca/movie-gallery/albums/userpics/Klimt22.jpg

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

Adolfo Vásquez Rocca

La recta provincia

Este era un hombre. Vivía con su madre. Cuidaba una casa patronal, en el campo de Chile. Un día el hombre encontró un hueso en el jardín. El hueso estaba agujereado. Era una flauta ese hueso. El hombre toco música con esa flauta. Y la música se volvió canción. La voz de la canción suplicaba que buscaran los otros huesos de su cuerpo disperso. El hombre y su madre se fueron por esos caminos de Dios y de los mil demonios, buscando los huesos con que componer el esqueleto de aquel cristiano. Y darle santa sepultura. Y vieron lo que vieron, vivieron lo que vivieron. Muchas historias vivieron. Y aunque no se la contaron a nadie, otros la contaron por ellos.

http://www.mabuse.cl/1448/articles-70708_foto_portada.jpg

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

- Así comienzan las historias de la serie “La recta provincia” [de Raúl Ruiz] que ponen ante nuestros ojos personajes muy familiares, giros y modismos del Chile profundo, pero todo desde una extrañeza radical, que nos hace volver a los “días de campo” como extranjeros, como extraterrestres que por primera vez vieran y oyeran caer una gotera, hablar al diablo y se solazaran con viejas historias contadas por el viento arremolinado, desenterradas de cuentos y mitos campesinos, relatos de viejas castas de demonios que se arrimaron por estas tierras en tiempos de pillaje y muertes cruentas de conquistadores e indios belicosos que dieron lugar a ríos de sangre mística entre el Biobío y el Toltén.

La historia arranca cuando una madre y su hijo descubren un hueso que se puede tocar como flauta y que al hacerlo, pide que reconstruyan su cuerpo.

http://laguiadesantiago.cl/wp-content/uploads/2007/08/ruiz00.jpg

RAÚL RUIZ; LA RECTA PROVINCIA Y LA INVENCIÓN DE CHILE

Este es Chile. Es la recta provincia, donde todos cojeamos.

Se dicen dos cosas en “La Recta provincia”: por estos lados se llega a viejo y todos somos un invento. Son dos razones para que Raúl Ruiz, poco a poco, vuelva al lugar del que nunca se ha ido, al país de nunca jamas, donde todos somos parte de un cuento, un cuento chueco, oblicuo. Este es Chile. Es la recta provincia, donde todos cojeamos, asegura un diablo. La realidad, en consecuencia, es obtusa y ladeada. Un lugar donde muertos y vivos comparten, donde los poetas de los lares conocen el secreto para hablar con los muertos, un territorio donde lo único perfecto son largos planos de montaña, bosque y cielo azulado, esto es lo que Ruiz ha querido descifrar en sus rapsodias de Chile, una identidad nacional en permanente fuga, imprecisa como su filmografía, dispersa en más de 95 películas. Las que si se ven con paciencia, se encuentra la verdad de Chile y el nombre de Chile, que es el nombre del invento1.


RAUL RUIZ;

CONVERSACIONES CON UN GENIO MODERNO

A mi hijo Andrés que ama el cine como pocos.


80-retratos. Teatro de la Ribera
La rivalidad de los espejos

Un filme de Andrés Vásquez López
Una película que utiliza diversas técnicas y recursos de narración cinematográfica, un narrador en off, imágenes oníricas.

RAÚL RUIZ;

CONVERSACIONES CON UN GENIO MODERNO

No se puede mostrar la imagen “http://www.antoinepoupel.org/Photos/P_Ph008.jpg” porque contiene errores.

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

Por Adolfo Vásquez Rocca

Ver:
RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA, por Adolfo Vásquez Rocca
Margen Cero, Madrid.
http://www.margencero.com/articulos/articulos2/raul_ruiz.htm
VIDEOS

http://www.youtube.com/watch?v=Z9M87Imv44U

http://www.youtube.com/watch?v=K7ZAYTSoOOg

http://www.youtube.com/watch?v=TlJ19VyUnBc

RAÚL RUIZ; LA RECTA PROVINCIA « ARTE CONTEMPORÁNEO

¿Cuáles son los elementos esenciales de su ya mítico “cine”?

Siempre tengo una fórmula que es: la imagen es anterior, es prioritaria, respecto a la narración. Es decir,es la imagen la que determina la narración y no la narración la que determina la imagen. El tipo de imagen que uno está produciendo, que es siempre inesperada (si uno quiere que sea inesperada, por supuesto, si tiene ojos para verla), a veces hace cambiar completamente la historia que uno creía que estaba contando. Uno creía que estaba contando una historia y está contando otra. Evidentemente yo hago cine narrativo. O sea, cuento, sugiero historias. Pero esas historias vienen a partir de imágenes, a partir de cosas vistas y filmadas. Eso significa que el guión tiene un inicio., pero se define, en definitiva, en la filmación, en el montaje.

http://www.mabuse.cl/1448/articles-70708_foto_portada.jpg

¿Cual es el tema central de sus películas?

Hay muchos temas pero el tema es: la incertidumbre de la imagen y el juego entre la representación y lo que se esconde en la representación. Una persona dice una cosa queriendo decir otra. En ese sentido es muy chileno: decir una cosa por otra.

¿Cómo es tan prolífico; de dónde saca tantas…?

http://www.festival-cannes.fr/assets/Image/General/thumbnails/001328.jpg

Esa es un pregunta italiana. ¿De dónde saco la plata? Cada caso es distinto. La plata viene de los lugares más raros. Los más normales como la televisión, productores particulares, mecenas… Para la cinta que estoy preparando la plata viene en parte de gente de Taiwán. Dinero francés también. Pero es poquísimo. Es una película que no llegará a cien mil dólares. Menos de cien mil y en 35 mm. Hay otras partes, como la televisión inglesa, la BBC por ejemplo, Canal 4, televisión alemana, técnicos. Lo técnicos a veces se quedan con películas. Como saben que a mí me gusta filmar, y ellos están libres… No tienen nada que hacer y me llaman por teléfono y nos juntamos y filmamos en cuatro o cinco días cualquier cosa.

Desde ese punto de vista, ¿qué cree que haría falta en Chile para que hubiera un cambio, una política cultural?

La cosa comienza muy atrás y muy profunda. Empieza por el status de las personas que se dedican a la cultura. El problema debe ser arreglable, porque en Francia—a fines del siglo pasado—el status de los artistas no era muy distinto al que tienen hoy día en Chile. Efectivamente, en el siglo pasado los artistas vivían casi como mendigos y pasaban la mitad de su vida en unos bares oscuros, que es el caso un poco ahora en Chile. O dependían de instituciones, las que en vez de hacer cultura, en vez de crear, hacían comentarios. Esa es una enfermedad típicamente chilena y latinoamericana en general: pretender que hacer cultura es hacer comentarios a hechos culturales que ya tuvieron lugar, en lugar de producir nuevos.

Y empieza por una cosa que es más grave todavía. Chile, como todos los países de habla hispánica (como España también), padece una vieja tradición anticultural, que viene de la guerra contra los moros y de la persecución de los judíos. Quien sabe leer y escribir es judío. Está bien no saber leer y escribir. Quien trabaja mucho es árabe. Los dos principios del casticismo español. Un verdadero español no debe trabajar y debe ser analfabeto y dedicarse a pelear, a las armas. Es el único arte noble. Eso sigue latente en América Latina. ¿Qué es el artista? O es un maricueca o es mantenido de las señoras ricas. Eso no ha cambiado.

Aparte de eso está—y esto es relativamente actual—la aparición de una economía de mercado agresiva. Cambia la mentalidad. La sacralización del dinero te hace medir todo por cuánto vale. De las preguntas hechas por los chilenos en general, el 90% es: ¿cuánto vale tal película?, ¿cuánto produjo?… (Cuánta gente la vio ya es casi secundario porque pueden haberla visto gratis).

¿Que piensa de los nuevos conceptos del audiovisual, del cine independiente y del cine alternativo?

Es curioso lo que hoy se llama un “concepto” del audiovisual. Ese concepto, convertido en formula, se aplica a esa u otra película como si estuviera haciéndose un cine joven de los años sesenta, experimental e indagatorio. Películas hechas enteramente en cámara en mano, en lugares reales, con actores que improvisaban a ratos, a ratos no, eso que el grupo Dogma ha querido patentar 25 o 30 años después. Es lo que fue el cine canadiense, la Nueva Ola del Cine francés. Pero en realidad, lo han transformado en concepto. Si en alguno de los episodios a alguno se le ocurre poner la cámara en un riel, lo echan. Porque el concepto implica que tiene que ser íntegramente a mano. Es imposible y absurdo. Bueno, la imposición de conceptos son ideas del audiovisual, de masificación. Ahí está una de las razones de la muerte del cine original. Incluso en el llamado cine independiente todas las películas se parecen ya. Ya hay un concepto cine independiente. Ya se volvió…se regularizó y adaptó al sistema, el exabrupto y el ademán subversivo fue reeducado y devuelto a la industria pero descafeinado y convertido en una formula para vender bajo la etiqueta “esto es Arte”.

No se puede mostrar la imagen “http://blog.johnmenick.com/blog/ruiz_video.jpg” porque contiene errores.

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

¿Cuál es la diferencia entre cine independiente y cine de autor?

Cine independiente es el nombre que le dieron los americanos al cine que se llamaba, otras veces, cine de autor y que se asimila con el hecho de ser un cine de poco precio, que cuesta poco y que tiene mucha ambición. Pero poco a poco—como son películas salidas de universitarios y que los universitarios aprenden este cine como si tuviera una fórmula (creen que el cine existe de una cierta manera y no de otra)— es decir, han disecado el concepto de cine independiente, eso los vuelve a ellos taxidermistas y a sus películas series necesariamente académicas, dando como resultado que todas ellas se parecen unas con otras, desapareciendo toda originalidad y autoría, los rasgos esenciales del autor o más bien del cine de autor.

La idea del cine de autor significaba que en el cine habían elementos particulares, ciertos signos particulares, que hacían identificar esa película como perteneciendo a un mundo particular, no necesariamente a una persona, pero a un mundo. Uno reconocía ese mundo y le gustaba o no le gustaba. Si no le gustaba no la veía. Pero lo que buscaba al ver la película era reencontrar eso. Cuando uno iba a ver una película de Fellini era para reencontrar a la mismas mujeres voluptuosas, la burguesía italiana, los paisajes de Rimini, la fontana de Trevi, los cambios de ángulo, la gente mirando a la cámara, todo lo que hacían los “tics” de autor.

http://medias.lemonde.fr/mmpub/edt/ill/2006/04/24/h_3_ill_764969_klimt2.jpg

Hay un caso especialmente claro que revela lo que quiere decir eso de autor, que viene de la pintura. A fines del siglo XIX, Morelli—el inventor del Morelismo, un coleccionista experto en pintura—inventó un sistema para detectar el origen de los cuadros (de cuadros necesariamente del renacimiento), y cambió dos tercios de las atribuciones de cuadros de la mayoría de los museos europeos. Su sistema consistía en no ver los rasgos evidentes de autor que había en un cuadro—porque esos rasgos eran copiados por los discípulos—sino los rasgos escondidos. A Morelli le interesó mucho Freud, porque Freud veía ahí justamente una expresión de la función del inconsciente en el arte. Es decir, Morelli decía que hay que fijarse en las manos y en la oreja y en los elementos que en el cuadro no tienen relación con el tema. Ahora, apliquemos eso al cine. En cine, lo primero que pasa, cuando viene la primera proyección, el primer montaje de una película es que los productores y los compradores exigen sacar todo lo que no sea funcional para la historia. Y lo primero que sacan son esos rasgos inconscientes. Esos elementos inconscientes. Y la película queda impersonal, deja de existir como cine de autor.

http://european-films.net/images/stories/interviews/raulruiz1.jpg

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

¿Le interesa hacer películas en Chile?

Puede resultar extraño para mucha gente, pero yo he hecho muchas películas en Chile, lo que pasa es que nadie sabe cuándo las hago. Pero yo he hecho, a grosso modo, dos largos. Una película de sesenta minutos es casi un largo, científicamente es un largo (científicamente quiere decir reglamentariamente). He hecho recientemente dos cortos y de repente voy a hacer otro largo. Lo que pasa es que yo llego, preparo, me voy. Después filmo al día siguiente, después el mismo día que termino, me voy.

Es que o si no me paran. Si no, caigo en el enredo de los tira y afloja. Son películas que no son comerciales. No son para ser mostradas. Las hago porque las hago, pero algunas se han mostrado mucho. “Las Soledades”, la que hice con Channel Four para el programa Sur, sí se ha mostrado muchísimo. Pero yo creo que si fuera cineasta chileno no podría filmar más que lo que filmo en Chile. Los cineastas chilenos filman eso: una película cada dos años, tres años, y es mucho. Bueno, eso es lo que yo hago en Chile. Ahora los tiempos han cambiado y tengo que saldar cuentas con el cine y el Arte chileno, ese es el problema que me temía cuando me confirieron el Premio Nacional de Artes. Es dinero público y con el dinero público no se juega.

http://ffm-montreal.org/photos/2004/fr/20040905/images/FFM_050904_218.jpg

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

Yo creo que en Chile lo que no hay es amor por el cine. Hay poco amor por el cine. Había un pequeño grupo, si no ha desaparecido. Nos quedan algunos por ahí. Pero no hay un verdadero amor por el cine. No hay una verdadera pasión por el cine. Por ejemplo, el cine de Taiwán se supone que es un cine totalmente comercial y Taiwán se supone que es un país mucho más capitalista. La economía de mercado capitalista está aplicada de una manera extremista. En Taiwán, sin embargo, una cantidad

enorme de películas son financiadas por el gobierno, por el Estado, porque se supone que son propaganda y la propaganda no tiene que autofinanciarse. La propaganda es para ayudar a vender otras cosas. Cuando una película de Taiwán gana un premio, se habla de Taiwán y a ellos lo que les interesa es eso. Existir. Porque tienen el mismo problema que Chile. Es un país muy chico. Entonces, todo lo que sea que hablen del país es bueno.

Es una idea que no se le pasa por la cabeza a nadie en Chile. Hablamos por supuesto de los políticos. Los políticos oficialmente dicen que se interesan mucho en cultura, pero basta preguntarles un poco para darse cuenta que no saben por qué se interesan. Se interesan porque es bien visto. Pero no tienen un real interés. No he visto y no conozco a ninguno—y conozco a varios políticos—que tenga real interés por el cine y por la relación entre cine y política, entre cultura y política

LA RECTA PROVINCIA

http://laguiadesantiago.cl/wp-content/uploads/2007/08/ruiz00.jpg

RAÚL RUIZ; LA RECTA PROVINCIA

1.

Comienza la serie realizada por Raúl Ruiz para TVN. Cuatro capítulos basados en mitos y leyendas del campo chileno.

El antecedente de este trabajo, además de toda su obra cinematográfica, es que durante largos años de estudio y de conversaciones con antropólogos Ruiz se internó en el mundo de los cuentos folclóricos. Después de esa experiencia descubrió que en muchas ocasiones el folclore de cada país tiene elementos comunes con el de otros. “Hay mitos vikingos -dice- que son parecidos a los chilenos. Los cuentos folclóricos unen más que separan”.

En “La Recta Provincia”, nombre con que se auto denominaban los “brujos” de Chiloé, están las claves del cine de Ruiz: una mezcla del presente y del pasado, de los vivos y los muertos, de lo real y su reflejo, de la vigilia y del sueño, de la realidad y los espejos.

Desde el punto de vista narrativo la historia se afirma en las convicciones de siempre del realizador. Tal como lo señala en su libro “Poética del Cine”, algunas de ellas provienen de su crítica a la “teoría del conflicto central” elaborada por el cine norteamericano que “es el único país del mundo -afirma Ruiz- en el que el cine haya desarrollado desde temprano una teoría narrativa y dramática global (…) que se ha vuelto palabra de ley.”

http://laguiadesantiago.cl/wp-content/uploads/2007/08/provinvia00.jpg

2.-

La serie se estrenó el Lunes 20 de Agosto alrededor de las 23.45 horas, y tendrá una duración de cuatro capítulos, cada lunes en el mismo horario. El primer episodio fue muy bien recibido por quienes admiran este trabajo. Sorprendió por la buena calidad de la imagen, musicalización, actuaciones y encuadres, no muy comunes para una televisión de señal abierta, acostumbrada a otros ritmos y banalidades, logrando a ratos emular un sueño por la incoherencia bien explicada de diálogos gloriosos, basadas en un mundo al revés, con huesos humanos que suenan como flautas y huasos que se ven a sí mismos durmiendo, mientras la madre y su hijo se escuchan gritando “¡Aguardiente!” En resumen, es un gusto recomendado que, sin embargo, está dado a la opinión pública, ya que no todos gustamos del mismo tipo de historias y aún restan tres capítulos para ver si Ruíz es realmente maestro del cine y profeta en su propia tierra.

No se puede mostrar la imagen “http://hosting.udlap.mx/profesores/miguela.mendez/alephzero/archivo/historico/az40/hipertextos_files/image013.jpg” porque contiene errores.

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

3.-

Las historias de la serie “La recta provincia” [de Raúl Ruiz] ponen ante nuestros ojos personajes muy familiares, giros y modismos del Chile profundo, pero todo desde una extrañeza radical, que nos hace volver a los “días de campo” como extranjeros, como extraterrestres que por primera vez vieran y oyeran caer una gotera, hablar al diablo y se solazaran con viejas historias contadas por el viento arremolinado, desenterradas de cuentos y mitos campesinos, relatos de viejas castas de demonios que se arrimaron por estas tierras en tiempos de pillaje y muertes cruentas de conquistadores e indios de los mares del sur.

Es que Raúl Ruiz es un narrador extraterrestre, que nos cuenta el mismo cuento de siempre, pero desde otro lugar, bañándolo con la luz auroral que sólo los grandes poetas pueden poner sobre las cosas. Todo en esta serie es muy chileno, pero a la vez muy extraño. Es que Chile es extraño. Ruiz es nuestro Homero, y la musa a la que invoca es la Mnemosyne “chilensis”, el recuerdo de las historias con que sus abuelos de Mulchén y Chiloé infestaron su memoria virgen de niño de un Chile que ya se fue. Chile de formas, de ademanes, de una precisión y elegancia en el lenguaje extremas. Tierra delicada, ladina, fantasiosa, de seres no contaminados por el apuro. En Chile había tiempo, por eso se cultivaba la religión de la amistad, el arte de la paya, las conversaciones en bares sagrados, en interminables tardes polvorientas. Y eso sólo lo puede narrar alguien poseído por el éxtasis y la ebriedad de la antigua juglería.

Porque el cuento de Chile es el cuento de nunca acabar, y eso lo sabe Ruiz, y todo aquel que ha querido acabarlo en modelos narrativos “europeos” ha terminado por matar la vida que venía de nuestra oralidad y que -salvo los poetas- muy pocos narradores han podido trasvasijar a lo escrito.

No se puede mostrar la imagen “http://admin.iberoamerican.cl/scripts/galerias_imagenes/fotos/1520_DSC04382.JPG” porque contiene errores.

Nadie es profeta en su tierra, tal es el caso del director de cine, escritor y genio residente -de este, el país de nunca jamas, de ese Far West llamado Chile. Ruiz de una filmografía difícil de precisar por su diversidad de registros y lo prolífico de su producción -ya desde el tiempo de la Unidad Popular realizaba filmes polisémicos, de visualidad barroca y de una densidad poco frecuente, para los recursos autorales que uso desde el comienzo, recurso al habla empírica -la frase hecha- que Parra ha sabido detonar en sus artefactos, los actores no profesionales, la improvisación en el guión y la preeminencia del ojo y la imagen sobre el guión; todo ello han hecho destacar su filmografía, compuesta de documentales por encargo, telefilmes para la televisión francesa, producciones autorales de bajo presupuesto, producciones de gran aliento y generoso presupuesto -como El tiempo recobrado, la adaptación de Proust. el clásico francés por antonomasia, llevado a la pantalla grande por el más chileno de nuestros cineastas franceses. Ruiz ha seguido cosechando premios y reconocimientos; el aplauso de la crítica europea reunida en el festival de Rótterdam en el año 1986, reconoció en Ruiz a uno de los veinte cineastas del futuro. Único realizador latinoamericano en esta lista. Raúl Ruiz, radicado en París, a fines de la década del ochenta fue galardonado con un «premio» especial, recibido por pocos cineastas en la historia del cine mundial: Cahiers du Cinéma, la mítica revista de cine francesa, representativa del nivel más avanzado entre la crítica europea, venía a dedicar un número entero a Ruiz. Homenaje sin duda, al cineasta «francés» más importante del momento, el único que está planteando líneas renovadoras en un arte reducido a un grupo de grandes clásicos (Rohmer, Bresson, Godard), pero que ha sido escaso en nuevos autores: «Un número entero consagrado a un cineasta, eso no se veía desde hacía tiempo en los ‘Cahiers’. Recordamos sí el especial Eisenstein en 1971, el número 300 de Godard y los ‘fuera de serie’: Welles, Pasolini, o Hitchcock. Ahora es el turno de Raúl Ruiz, el cineasta más prolífico de nuestro tiempo, aquel cuya filmografía es casi imposible establecer, por lo diversa y multiforme que resulta ser su producción desde hace más de veinte años. Raúl Ruiz, un cineasta que navega entre Lisboa, Rótterdam y Valparaíso”.

http://www.miradas.net/2007/n58/fotos/klimt00.jpg

Ruiz hoy acaba de ser distinguido como Maestro de Cine, reconocimiento que recibirá este año en el Festival de Cine de Roma, reservado sólo para pocos directores que hayan llegado a hacer un cine de excepción.

Raúl Ruiz no es una figura tan reconocida en nuestro país como lo ha sido en Europa. Sus títulos más conocidos -por no decir los únicos- son Tres Tristes Tigres y Palomita Blanca.

No se puede mostrar la imagen “http://www.margencero.com/articulos/articulos2/raul_ruiz2.jpg” porque contiene errores.

Parece ser que su cine es para una elite, un director de culto, sólo para intelectuales, prácticamente inalcanzable. Sin embargo, TVN transmite actualmente una serie escrita y dirigida por Ruiz llamada “Recta Provincia” (haciendo referencia a los brujos de Chiloé) que narra una historia localizada en el campo de la zona central de Chile, con referencias no sólo a nuestro folclore sino a tradiciones antropológicas ancestrales de todo el mundo y que en su cine reverberan con la majestad de la presencia muda de la cordillera de los Andes como horizonte mítico de nuestro aislamiento, de nuestra condición de isla al fin del mundo, donde proliferan los cuentos de buques fantasmas, de almas en pena, de huesos repartidos en esta extraña patria, en la fértil provincia y señalada, en la región Antártica famosa, de remotas naciones respetada por fuerte, principal y poderosa; donde la gente es tan tan soberbia, gallarda y belicosa, que no ha sido por rey jamás regida, ni a extranjero dominio sometida; sólo ha sido dominada por pequeños periodos bajo regímenes de excepción, el más largo de esos gobiernos es el dominio espiritual de la tierra de los brujos y demonios que en la mitología de Chiloé se ha dado en llamar la recta provincia. Así el relato de Ruiz se eleva de la anécdota local de los mitos fundacionales a los arquetipos universales de la creación del mundo, constituyendo no sólo una cosmovisión sino una cosmogonía y sobre todo un relato mayor sobre los orígenes del mal.

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Chilean director Raul Ruiz poses for portaits in Rotterdam, presenting his Klimt, Jan 06
Chilean director Raul Ruiz poses for portaits in Rotterdam, presenting his Klimt, Jan 06
Chilean director Raul Ruiz poses for portaits in Rotterdam, presenting his Klimt, Jan 06

Ver:
RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA, por Adolfo Vásquez Rocca
Margen Cero, Madrid.
http://www.margencero.com/articulos/articulos2/raul_ruiz.htm
VIDEOS

http://www.youtube.com/watch?v=Z9M87Imv44U

http://www.youtube.com/watch?v=K7ZAYTSoOOg

http://www.youtube.com/watch?v=TlJ19VyUnBc

http://www.vertigofilms.es/fotografias/lacomediadelainocencia/2.jpg

RAÚL RUIZ, L’ENFANT TERRIBLE DE LA VANGUARDIA PARISINA

Ver:

RAÚL RUIZ; LA RECTA PROVINCIA « ARTE CONTEMPORÁNEO